Opinión

La meta más allá del medallero

No se habían inaugurado los Juegos en Tokio cuando la selección olímpica de futbol ya nos llenaba de ilusiones a los mexicanos; aún no salía la delegación mexicana a desfilar cuando las redes sociales ya estaban llenas de comentarios y ánimos. Cuando Rommel Pacheco y Gaby Lopez salieron encabezando el contingente de atletas nacionales, por un breve momento regresó seguramente a todos los que veíamos la transmisión en vivo, el color de la esperanza bordada en los uniformes azul marino; la esperanza de que un futuro mejor está por llegar.

La pandemia desde un año antes nos prometió que la vida tal cual como la conocíamos cambiaría en todos sentidos y la inauguración de los Juegos Olímpicos de Tokio no fue la excepción.

Mientras esperábamos despliegues impresionantes de tecnología, juegos pirotécnicos jamás antes vistos, danzas masivas con artes marciales, rayos láser en el cielo y tablas gimnásticas con drones, Tokio nos vino a recordar, a través de un espectáculo más solemne, el verdadero significado del deporte.

Sobriedad ante la desgracia. La cara en alto ante los obstáculos. Alegría ante la adversidad. Cooperación y fraternidad ante una situación que azotó al mundo. Eso son los Juegos Olímpicos: resiliencia, perseverancia y seguir adelante. Eso es el deporte.

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Seguimos de pie aplaudiendo el primer triunfo de la selección de futbol y la primera medalla, la número 70 de nuestro país en Olímpicos, tras la victoria de Alejandra Valencia y Luis Álvarez en tiro con arco mixto. Sólo recordemos que aún no hemos llegado a la meta.

Hoy, fuera de que nuestros atletas lleguen al medallero o no, los mexicanos ya anotaron su nombre en la historia, porque pasaron de imaginarse representando a México en unos Juegos Olímpicos, a hacerlo aún cuando la situación es complicada.

Atletas: en lo que resta de los días olímpicos, recuerden que no existen los errores o las fallas, son aprendizajes y enseñanzas. Mirarlo así, como una perspectiva de la filosofía que vele en nuestros proyectos y aspiraciones.

Para nosotros, espectadores, deportistas o no, no existe algo más esencial que apoyarlos. Dejar de lado la crítica destructiva y evaluar la manera en la que como mexicanos nos unimos para creer en un futuro mejor. El deporte nos enseña que el sacrificio siempre será parte del crecimiento, parte de la mejora y parte del éxito. No hay victoria que venga de la comodidad.

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Si bien el aplauso y el reconocimiento son maravillosos, la admiración carece de sentido cuando no se trabaja para un propósito como inspirar a las nuevas generaciones; y hay que tener por seguro que los atletas mexicanos ya lo han hecho.

Seguir soñando sin perder el piso, tal como el técnico de la selección olímpica de futbol lo ha dicho: “Es un buen inicio, pero viene lo mejor». La meta está mucho más allá del medallero. Felices Juegos Olímpicos.

El autor es medallista olímpico en Río de Janeiro 2016. Maestro en Negocios por la Universidad de Duke y Analista de Negocios por la Universidad de Harvard, trabaja en Mastercard, una empresa líder en servicios financieros. Su misión es apoyar a los deportistas en su transición después de su retiro.

@ismaelpenta

IG @ismael.m.hernandez

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