Opinión

Destrucción creativa, nueva economía y competencia

Joseph Schumpeter es uno de los economistas más importantes e influyentes del siglo XX, reconocido por postular la teoría de la destrucción creativa y por destacar el rol del emprendedor como responsable de la conducción económica.

Schumpeter señaló que el ciclo económico era un proceso de destrucción continua. Una empresa innovadora logra ofrecer mejores productos que sus rivales a menores costos. Esa empresa se convierte en ganadora momentánea que obtiene beneficios superiores a los de sus competidores y terminará desplazándolos. Eventualmente obtendrá una posición predominante, posiblemente monopólica, así como rentas. Su momento de gloria concluirá cuando los competidores la imiten y, en algún momento, llegará otra empresa que, con base en la innovación, la desplazará. Así, de acuerdo con Schumpeter, la normalidad en el sistema económico no es la competencia, sino el monopolio temporal, que es desplazado por otro monopolio temporal. El proceso es conducido por los emprendedores, héroes del capitalismo moderno, que son quienes propician el “ventarrón de la destrucción creativa”.

La pandemia del Covid nos ha llevado precisamente a vivir en una época histórica, única, en que la destrucción creativa ha operado a toda velocidad y con gran profundidad. Grandes negocios e industrias palidecen por las complicaciones para operar. Es el caso de negocios que requieren una experiencia del usuario, como los relacionados con el entretenimiento, la hospitalidad y el bienestar físico, pero también vinculados con los bienes raíces, como los espacios comerciales y de oficinas. Simultáneamente surgen nuevas actividades y algunas organizaciones se reinventan. En medio de toda la agitación, hay un dislocamiento de algunas cadenas logísticas y de abastecimiento, que tienen paralizada parte de la industria automotriz.

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En este contexto, un grupo de economistas de la Escuela de Toulouse, encabezado por Philippe Aghion, presenta un libro fundamental para cuestionarnos sobre el futuro económico. El volumen, titulado “The Power of Creative Destrucción”, es una reflexión académica sobre el cambio económico, a partir del planteamiento de la destrucción creativa de Schumpeter, y del rol que deberá asumir el Estado en las actuales circunstancias. Las políticas públicas, nos dicen Aghion y sus colegas, enfrentan el reto, por una parte, de proteger empresas que serían viables en circunstancias “normales”, a fin de mantener el empleo y preservar el capital humano generado por esas empresas. Por otro lado, el Estado debe estimular la entrada de nuevas empresas y el desarrollo de nuevas actividades que son más eficientes y responden mejor a las necesidades de los consumidores. En resumen, el Estado debe acompañar el proceso de destrucción creativa, sin obstruirlo.

El libro dedica un capítulo a discutir las bondades de la competencia y la manera de medirla. La competencia (o falta de ella) puede ser determinada mediante los márgenes de utilidad; la tasa de entrada o salida de las empresas a los mercados que mide la tasa de destrucción creativa; la tasa de concentración; o el grado de contestabilidad de los mercados. Los autores exponen lo que llaman el enigma de la relación entre la competencia y el crecimiento y respaldan la evidencia empírica que indica que las empresas más cercanas a la frontera tecnológica buscan innovar para escapar de la competencia, en tanto las empresas más lejanas a dicha frontera son desincentivadas a innovar precisamente por la existencia de competencia.

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Esta conclusión es de la mayor importancia para un país como México, en que subsiste un carácter dual de la economía. Refuerza lo señalado por Santiago Levy, quien hace algunos años expuso un cuestionamiento sobre la efectividad de la política de competencia en un contexto de distorsiones que favorecen la informalidad. La aplicación de la política de competencia como receta general podría incluso ser contraproducente para la productividad y la innovación en sectores alejados del desarrollo tecnológico. Por ello, debe aplicarse de manera armonizada con otros instrumentos de política pública.

*El autor es consultor de Ockham Economic Consulting, especializado en competencia económica y regulación y profesor universitario.

Twitter: @javiernunezmel



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