Opinión

Marineros planetarios I

Con el conocimiento actual que la raza humana tenemos del Universo y nuestro vecindario estelar, es fácil pensar que nuestro conocimiento del vecindario inmediato es vastísimo, y que conocemos nuestro Sistema Solar de pe a pa. Y si bien es cierto que en años recientes nuestro conocimiento de los gigantes gaseosos, los mundos jovianos e incluso los planetas interiores ha aumentado enormemente, la verdad es que la práctica totalidad de lo que hoy llamamos Ciencia Planetaria se ha consolidado apenas en los últimos 60 años. Y los instrumentos que más nos han ayudado a comprender a profundidad la composición y el comportamiento de los planetas y sus lunas no han sido tanto los telescopios, como las sondas espaciales.

Un largo camino ha sido recorrido en términos científicos desde el lanzamiento de la primera sonda espacial, la Lunik 2 que alcanzó la Luna en septiembre de 1959 hasta la última, New Horizons, que alcanzó Plutón en 2015. Pero hoy les quiero contar de uno de los programa espaciales más relevantes para la ciencia moderna, que puso justo frente a nuestros ojos, en gloriosa alta resolución, las maravillas de los planetas interiores, Marte, Venus y Mercurio, así como sus lunas: el Programa Mariner.

Mariner estuvo en operación entre 1962 y 1975, y consistió en 10 naves lanzadas desde cohetes Atlas, con un diseño común y elementos modulares que permitían una mejora continua con relación a iteraciones previas del mismo instrumento. Desde el Génesis del proyecto Mariner su intención era orbitar los planetas interiores del sistema solar, alcanzando en el camino varios hitos en la historia de la astronáutica. Por poner un ejemplo, las Mariner fueron las primeras sondas en obtener estabilización en los tres ejes, es decir que no tendría “spin” y por lo tanto podría enfocar sus instrumentos en una sola dirección, algo nunca antes logrado.

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La Mariner 1 nunca pudo alcanzar la estratósfera, un fallo en el software provocó que esta se estrellara en el Océano Atlántico poco después de haber sido lanzada. La Mariner 2, remplazo de la uno, se lanzó el 27 de agosto de 1962 y alcanzó Venus el 14 de diciembre, pasando a escasos 30,000 km de nuestro segundo vecino más cercano (el más cercano es Mercurio, pero es una historia para otra ocasión), ésta actualmente se encuentra en órbita heliocéntrica. M2 nos proporcionó información valiosísima sobre el estado de Venus, su rotación retrógrada (es decir, que su eje de rotación se encuentra a más de 90° de inclinación con respecto de su traslación) la falta de un campo magnético sensible y su atmosfera compuesta mayormente de C02.

Mariner 3 y 4 fueron destinadas a Marte. Mariner 3, al igual que la primera de su nombre, sufrió un accidente durante su lanzamiento el 5 de noviembre de 1964, por lo que apenas tres semanas después, el día 28, su remplazo tomó su lugar en la punta de un cohete Atlas y fue lanzada a Marte, planeta que orbitó durante el 14 y 15 de julio de 1965, regalándonos las primeras 22 fotografías en alta resolución del Planeta Rojo. Descubrimos también que la superficie de Marte era muy similar a la Luna, al menos en sus partes más antiguas, que tampoco presentaba señales de un campo magnético, y que los supuestos “canales de Marte”, que muchísimos científicos de la época estaban convencidos que existían, no eran para nada reales.

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Las Mariner 5 al 9 (con excepción de la 8, que sufrió un fallo en el despegue) fueron todas utilizadas en misiones para analizar las atmósferas de Marte y Venus, así como tomar las primeras fotografías de Fobos y Deimos, los satélites del vecino rojo y de la superficie de ambos planetas. El conocimiento que obtuvimos de estos cuerpos celestes gracias a los viajes de las Mariner es invaluable, pero su viaje más impresionante fue el de la última de ellas, la Mariner 10, la cual se envió en una misión sumamente ambiciosa que pretendía utilizar por primera vez la asistencia gravitatoria (maniobra en la cual una nave aprovecha el pozo gravitacional de un cuerpo para cambiar de rumbo y/o conseguir más aceleración gracias al tirón gravitacional de dicho cuerpo).

Este “último” viaje de las Mariner es tan especial, tan importante, y sentó las bases para el más grande y ambicioso programa espacial que los humanos habríamos de emprender, que lo menos que podemos hacer es dedicar un espacio a hablar de él, exclusivamente, y del maravilloso legado que las sondas espaciales han aportado al conocimiento que la raza humana tenemos de nuestros vecinos esféricos. Veámonos para eso aquí, en la próxima entrega sobre estos marineros del espacio.

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