Opinión

La discreta y trabajadora dama de Gobernación

El 6 de junio se llevaron a cabo en el país elecciones intermedias, en las que de acuerdo con información del Instituto Nacional Electoral (INE) se eligieron a nivel federal 500 diputaciones. De dichas diputaciones, 300 fueron por el principio de mayoría relativa y 200, por el de representación proporcional. A nivel local se eligieron 15 gubernaturas de las 32 entidades federativas que tiene el país, así como 1,063 diputaciones -que corresponden a 30 Congresos locales-, 1,923 presidencias municipales, 2,057 sindicaturas, 14,222 regidurías, 204 concejalías.  Finalmente, también se eligieron de cargos auxiliares: de juntas municipales, 22 presidencias, 22 sindicaturas, 88 regidurías y 299 presidencias comunitarias.

La jornada electoral, en la que se votaron en total 20,715 cargos de elección popular, fue la más grande en toda la historia, y la primera en que ganaron en forma simultánea seis mujeres la elección a la gubernatura, en forma pacífica y sin mayor contratiempo. Incluso las y los estudiosos de la materia electoral han coincidido en que la gran ganadora fue la democracia, porque a pesar de la pandemia por el virus Covid-19, votó más del 51% de las y los ciudadanos.

Entre las y los ciudadanos se siente en general alegría porque tuvieron la seguridad de que cada voto fue tomado en cuenta para perfilar a la o el ganador. Las y los ciudadanos, también hicieron su proselitismo electoral a través de redes sociales, especialmente whatsapp, en donde señalaban diversas aplicaciones en las que se podían monitorear las estadísticas para que el día de la elección se tomara una decisión en la que su voto fuera un “voto útil”.

En un país tan dividido como México y con marcada animadversión de un sector de la sociedad civil a la persona del presidente de la República y todo lo que tenga que ver con la denominada 4T, este movimiento en redes sociales por el “voto útil” fue importante para cambiar la composición de la Cámara de Diputados. Con ello se buscó y consiguió restarle poder al ejecutivo Federal para que hubiera un contra peso en la Cámara baja, que se renovó en su totalidad. El partido político del presidente que es Morena pasó de conformidad con el conteo rápido del INE, de tener 256 en 2019 a 197 diputaciones.

En un país autoritario o dictatorial no se hubiera podido escuchar y hacer valer la voz de la ciudadanía, como sucedió. Entonces la pregunta que se debe formular es, a quién se debe el resultado de este ejercicio en el que se respetó y contó el voto de cada ciudadano y ciudadana.

La respuesta se divide en tres, primero, tan contundente como esto, el presidente de la República. A pesar de lo dicho por el INE, no se entrometió ni dio instrucción alguna sobre este proceso electoral y dejó que las autoridades electorales hicieran su trabajo.

La segunda parte de la respuesta radica en que, a lo largo de las décadas, se han creado y tratado de fortalecer a las instituciones que forman parte del Estado Mexicano, cuyas funciones son, entre otras, consolidar el sistema democrático de gobierno. Aun cuando, es necesario precisar, no hay democracia en el mundo, ni siquiera la inglesa o norteamericana, de la que se pueda decir que la democracia ha terminado de arraigarse, porque por naturaleza ésta es frágil e inestable.

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La tercera y última parte de la contestación radica en visibilizar que no solamente las instituciones relacionadas con las elecciones y la democracia en México, que son el INE y el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, son las únicas responsables de cómo transcurrió el día electoral.

Hay una dependencia principal más, de enorme importancia y responsabilidad para que un proceso electoral se desarrolle en calma, se cuenten los votos adecuadamente y no haya mayores incidentes. Esa dependencia es la Secretaría de Gobernación, cuya titular ha estado trabajando sin descanso, en forma muy discreta, continua, clara y ardua, desde hace más de tres años -porque el presidente Peña Nieto dejó un vacío de poder previamente a que ganara las elecciones el presidente López Obrador quien anunció desde entonces a los y las miembros de su gabinete-.

La secretaria de Gobernación Olga Sánchez Cordero ha trabajado desde entonces en forma eficiente, responsable, de buena fe y sobre todo generando vínculos y puentes con todas las y los gobernadores a quienes, en el marco de sus funciones, escucha, respeta -como debe ser- pero, sobre todo, participa activamente en la resolución de conflictos para que haya gobernabilidad, como hasta ahora la ha tenido el país.

Lograr la gobernabilidad de un país y tender puentes con las entidades Federativas en forma institucional, independientemente del partido político que las gobierne, es muy complejo. Y lo torna más complicado, que una vez más, previamente a la jornada electoral, comenzaron, por enésima vez, a “renunciar” a la secretaria de Gobernación. Nuevamente trataron de descalificarla -ya no encuentran qué más hacer ni decir-. Sin embargo, a lo largo de estos tres años, Sánchez Cordero ha demostrado que tiene un objetivo más elevado y es, velar genuinamente por el interés y estabilidad de su país y que éste sea más igualitario, no tiene otra meta.

No obstante, la violencia de género que han ejercido en su contra no ha tenido tregua, límite ni clemencia. Estos actos de violencia de género no se justifican ni aun con las legítimas aspiraciones políticas de quienes una y otra vez, buscan ocupar el cargo de secretario de Gobernación para poder perfilarse y estar en la boleta electoral en tres años para la Presidencia de la República. Habrá que recordarles que se valora más cuando en la vida se juega limpio. El país en este momento requiere gobernabilidad y la secretaria de Gobernación dialoga y tiene lo más importante que es reconocimiento y credibilidad entre las gobernadoras y los gobernadores de las entidades Federativas. Esta fue una de las razones por las que la jornada electoral se llevó en paz, cada gobernador y gobernadora o jefa de gobierno, también hicieron su parte de la mano del INE y con el diálogo permanente, de respeto a la autonomía de los Estados por parte de la Secretaría de Gobernación.

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Así pues, no son únicamente instituciones del Estado las que se requieren para respetar el proceso electoral, sino también se necesitan titulares de los órganos de poder público, que protejan y fortalezcan la forma de gobierno democrática. De manera que, sí entran en el mapa las y los funcionarios públicos, especialmente quienes tienen en sus manos la toma de decisiones, para que las instituciones del Estado Mexicanos salgan fortalecidas una vez concluido su encargo.

En ese sentido, da tranquilidad y confianza tener en el país a la firme, ecuánime, generosa, sumamente discreta y muy trabajadora dama de Gobernación.

Seguramente en su fuero interno estará muy contenta, como feminista que es, que de las 15 gubernaturas, en el conteo rápido, seis fueron ganadas por mujeres Baja California, Colima, Tlaxcala, Chihuahua, Guerrero y Campeche.

Además, actualmente se encuentra la jefa de Gobierno de la ciudad de México y la actual gobernadora de Sonora, que está por concluir su mandato.

Esto significa que una vez que entren en funciones, habrá 6 gobernadoras -porque saldrá la gobernadora de Sonora, por entrar un hombre- y 1 jefa de Gobierno, es decir, habrá 7 mujeres, que representan casi el 25% de mujeres en el más alto rango a nivel local. Con este porcentaje de mujeres empoderadas dirigiendo sus respectivas entidades federativas, veremos una nueva forma de gobierno, que pondrá más énfasis en la seguridad pública, en la protección de la salud de la población de sus estados; en la educación de calidad en todos los niveles; en que las niñas, niños y adolescentes tengan alimentación nutritiva; en que las personas adultas mayores tengan una vida digna y, en general en que el presupuesto sea ejercido para lo que fue etiquetado y no haya tantos empréstitos que solicitan los Estados.

Entre ellas, hay tres mujeres jóvenes, que además de lo anterior, tienen una mentalidad distinta y una forma de comunicarse diferente a las personas adultas. Ellas son las futuras gobernadoras de Colima, que tiene 34 años, la de Baja California, con 35 años, y la de Guerrero, de 39 años.

Vienen tiempos muy interesantes, que dejarán enormes aprendizajes para la historia. La secretaria de Gobernación que es liberal, partidaria de las mujeres y que tiene una mentalidad siempre joven y actual, tendrá una extraordinaria relación con las y los gobernadores entrantes y mantendrá como hasta ahora, la gobernabilidad del país. Y sí, en esta jornada electoral, la ciudadanía está de fiesta porque, aunque hay mucho por hacer, especialmente por erradicar la división interna del país, efectivamente ganó la democracia.

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