Opinión

Por fin, cayó Sandoval

No por presumir, ni mucho menos, pero desde el 6 de julio del 2017, a través de esta columna,  recomendé, a la antigua Procuraduría General de la República (PGR), ponerle marcaje personal al, todavía, gobernador del estado de Nayarit, Roberto Sandoval Castañeda, al que le quedaban dos meses y 12 días para terminar su periodo de gobierno, no se les fuera a ir viva la paloma o el gavilán como en otros casos había sucedido.

Y es que el mandatario nayarita ya tenía una demanda ante esa instancia que hicieron el diputado federal Guadalupe Acosta Naranjo y el alcalde, con licencia, de Tepic, Leopoldo Domínguez. A la denuncia se sumaron legisladores y dirigentes partidistas del PAN, PRD, PT y Morena. La demanda fue por la probable comisión del delito de enriquecimiento inexplicable.

Además de ésta tenía ya otras acusaciones ante la misma institución. Entonces escribí: “La procu lo trae en la mira, pero entre estar en la mira y decir ‘mira ya lo atrapamos’ hay una distancia de 17 hectáreas que es lo que mide el rancho que el gobernador posee en San Blas donde tiene criadero de caballos, ganado porcino y bovino, una casa y un lago artificial. Cuando llegó al cargo que hoy ostenta aseguraba no tener más propiedades que una casa en Guadalajara comprada con un crédito de 2 millones de pesos”.

Aunque Sandoval no fue incluido por Enrique Peña Nieto, entre los goberladrores (los dos Duarte y Borge), de lo que él llamo el nuevo PRI, Podemos decir, ahora, que éstos fueron Los Tres Mosqueteros y Sandoval Castañeda, D’Artagnan. Aunque se me ocurre alterar el sustantivo ‘mosqueteros’ y escribir ‘más-queseros’, en consideración a que tradicionalmente el queso es la comida favorita de las ratas y los ratones.

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Obviamente que don Roberto (roba-harto) no fue ajeno a todas las trapacerías que hiciera su fiscal Edgard Veytia, detenido en San Diego, California, Estados Unidos, acusado de narcotráfico.

Semanas después de mi columna de referencia vi en el noticiero Con Puig a las diez, un reportaje que hiciera, en Nayarit, la periodista Liliana Padilla, donde entrevistó a presuntas víctimas del mentado Edgard Veytia, por algo apodado el “Diablo”, quienes lo acusaron de asesinatos, extorsión, despojo, detención arbitraria y violación a los derechos humanos. De las entrevistas realizadas por la reportera Padilla la que más me impresionó fue la realizada a un campesino llamado Francisco, que aceptó vender en 6 millones de pesos sus tierras: 50 de las 60 hectáreas de su rancho La Resolana, predio contiguo a 300 hectáreas, que según los abogados que se acercaron a ofrecerle dinero, eran del gobernador Sandoval. La adquisición de esas tierras permitiría el acceso directo a la autopista. Dijo don Francisco que una vez que le dieron el dinero, “me llevaron a la fiscalía y me metieron al bote. Ese fiscal rata, ese, me bajó todo lo que tenía, hasta el dinero que me habían dado por la compra me lo quitaron”.

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Pero Sandoval terminó su período de gobierno y siguió libre. Fue hasta que el año pasado Mike Pompeo, secretario de estado de Trump, lo acusó de aceptar dinero del crimen organizado. Entonces la Unidad de Inteligencia Financiera le congeló sus cuentas. Sandoval Castañeda, le dio una entrevista a Ciro Gómez Leyva, para Radio Fórmula, donde el exgobernador se dijo inocente. “Le llegó mal la información al secretario de EU, se van a aclarar las cosas”. Ya no se supo nada de él. Hasta el pasado domingo cuando fue capturado por agentes federales, en Linares, Nuevo León, acusado de recibir dinero del Cartel de Jalisco Nueva Generación. Con él fue detenida su hija Lidy Alejandra, señalada por la UIF por presuntas irregularidades en la compra de inmuebles entre el 2009 y el 2017 a través de créditos bancarios.

¿Cómo será el diálogo para delinquir entre un padre y su hija?

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