Opinión

La Cultura de la Paz, La mediación electoral

Las elecciones, a veces, son la venganza del ciudadano.

 La papeleta es un puñal de papel.

David Lloyd George

Transitamos por un proceso electoral federal y elecciones locales que habrán de traducirse en la renovación de la Cámara de Diputados al Congreso de la Unión; 15 gubernaturas; 30 congresos locales; mil 900 ayuntamientos y juntas municipales. 

La parte culminante ocurrió el domingo con la participación de cerca de 50 millones de ciudadanos que acudimos a las más de 161 mil casillas instaladas; haciendo cola para votar, mismas que fueron atendidas por casi un millón y medio de funcionarios de casilla; vecinos que nos recibieron amablemente para entregarnos las boletas y luego contar los votos. 

A partir de ese momento se iniciaron los conteos. Uno de los resultados es la reaparición de la oposición que habrá de ocupar cargos gubernamentales y de representación legislativa otorgados por los votantes. No se puede olvidar que durante lo que va de este gobierno parecían no existir los partidos considerados de oposición. Aparentemente, para el Presidente, su equipo y sus correligionarios, la hegemonía de su partido con sus aliados en el Congreso de la Unión, era una fuerza inquebrantable. Sin embargo, nadie podrá dudar que Morena fue el partido con mejores resultados, sobre todo en las elecciones para gobernadores y congresos locales.

Así mismo, podemos observar que vivimos en un país políticamente dividido; que tendremos una Cámara de Diputados federal que, como resultado de su nueva composición, solamente podrá funcionar construyendo acuerdos, y también que el Presidente ha sido descalificado por la mitad de los electores, sobre todo en el Valle de México.

Recordemos que la judicialización de los procedimientos electorales es ya una constante y que este proceso no será la excepción, tanto a nivel federal, como en las entidades federativas.  En la actualidad, los órganos judiciales son, de manera creciente, los responsables de resolver los conflictos electorales y de garantizar que estos se resuelvan dentro del marco de la legalidad. 

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La Justicia Electoral es una expresión del Estado de Derecho y la garantía fundamental de cumplimiento con el principio democrático de que las elecciones han de ser libres, justas y auténticas.

Sin embargo, a lo que debemos aspirar es a arribar al diálogo, como lo hemos propuesto en reiteradas ocasiones. Es momento de honrar lo previsto en El Plan Nacional de Desarrollo 2019-2024 por lo que hace a emprender la construcción de la paz y la promoción de la cultura de paz, que consiste en una serie de valores, actitudes y comportamientos que rechazan la violencia y previenen los conflictos tratando de atacar sus causas para solucionar los problemas mediante el diálogo y la negociación. 

Como hemos afirmado a lo largo de esta serie La Cultura de la Paz, la mediación es el mecanismo pacífico de solución de controversias que, además de fomentar la participación de las partes involucradas, presenta ventajas sobre los procedimientos judiciales formales y sobre otros mecanismos pacíficos de solución de controversias.

Por eso consideramos necesario que se impulse la inclusión de la mediación para la gestión y resolución de los conflictos relacionados con derechos políticos electorales y se consolide como parte de la Justicia Electoral. 

Con la mediación electoral se podrá avanzar en la gestión y resolución de conflictos en la materia, los cuales suelen saturar a los sistemas judiciales electorales federal y locales.

A nivel de partidos políticos, la mediación electoral ya está sembrada en los documentos básicos de Morena, del PAN y del PRI, aunque todavía no se le defina expresamente. Este modelo debe seguir construyéndose a partir de las disposiciones internas de todos los partidos políticos propiciando la adopción de la mediación. 

Este mecanismo pacífico de solución de controversias debe adoptarse en los tribunales competentes en materia electoral, tanto en los locales como en el Tribunal Federal Electoral. Para ello la legislación aplicable habrá de desarrollar e incluir expresamente el modelo de mediación electoral y de esa forma también se dará cumplimiento a lo que ordena el artículo 17 constitucional, que dice: “Las leyes preverán mecanismos alternativos de solución de controversias.”  

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Un antecedente lo encontramos en Oaxaca, particularmente en los lineamientos y metodología para el proceso de mediación de su Instituto Electoral. Dichos lineamientos ofrecen una definición de mediación electoral y de mediador electoral. El proceso que regula se dirige a establecer las condiciones y acercamientos necesarios con el objeto de construir acuerdos justos, aceptables y pacíficos, en los procesos electorales en municipios que se rigen por sus usos y costumbres. Su antecedente se denominó “defensores para comunidades indígenas” que proporcionan el servicio de intermediación en las comunidades cuando existen conflictos post-electorales.

En las tareas pendientes debe precisarse, en la legislación electoral, además de la mediación como mecanismo pacífico de solución de controversias, la definición del perfil y requisitos para fungir como mediador electoral, así como los demás aspectos que propicien su utilización.

Confiamos en estar en el umbral de una nueva transición democrática que signifique la consolidación de las instituciones, del equilibrio de poderes y de una sana pluralidad. 

La ciudadanía -con su voto- ha diseñado equilibrios y exige dialogo y cordialidad.

Si nuestra pretensión es la consolidación y expansión de la concordia y del dialogo, debemos apostarle a generar una verdadera cultura de avenencia en la sociedad e involucrarla en la cultura de la paz.

*El autor es abogado y mediador profesional.

Twitter: @Phmergoldd



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