Opinión

Un día después

Ayer se llevaron a cabo las elecciones federales y locales que eran esperadas por muchos. Al momento de escribir esto –domingo en la tarde–, desconozco los resultados y por eso no sé cuántas gubernaturas ganaron los candidatos de Morena y sus aliados, ni si este partido y sus satélites mantendrán la mayoría calificada en la Cámara de Diputados que desde el 1 de septiembre de 2018 le permitió al presidente Andrés Manuel López Obrador reformar la Constitución para adaptarla a su proyecto transformador.

Hoy ya tenemos una mejor idea de lo que ocurrió ayer gracias al Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP) que desde anoche nos ha permitido conocer cómo va el conteo de los votos. También tenemos los resultados de los conteos rápidos que se realizaron para proyectar a los ganadores de los diferentes procesos electorales.

Es importante recalcar que ni los PREP ni los conteos permiten declarar quiénes son los ganadores oficiales de cada elección, pero cuando sus resultados favorecen por amplio margen a algún candidato, podemos asumir, con un alto grado de certeza, que ganó el cargo que buscaba.

Lo que haya ocurrido ayer en las urnas nos indicará si el gobierno de la 4T cuenta o no con el apoyo de la mayoría de los mexicanos, porque si bien las encuestas indican que la gestión de Andrés Manuel es aprobada por el 60% de la población, también señalan que solo una minoría está de acuerdo con la manera en que ha enfrentado la pandemia de Covid-19 y las crisis de seguridad y económica.

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Los resultados de las elecciones de ayer también nos permitirán ver qué tan certeras o no fueron las encuestas de salida y las predicciones de las empresas encuestadoras que desde ya hace varios años dejaron de tener credibilidad entre un amplio segmento de la población, pero que los partidos y sus candidatos insisten en difundir cuando los resultados de alguna encuesta los colocan en el primer lugar de las supuestas preferencias electorales de los encuestados.

El proceso electoral de este año se caracterizó por la violencia, la mediocridad de demasiados candidatos, la persecución de otros por parte de autoridades estatales o municipales y la ilegal intromisión de AMLO en el proceso, lo que corrobora que nos falta mucho para tener una democracia plena. Nada justifica las 910 agresiones contra políticos y candidatos que dejaron 91 muertos, 36 de ellos candidatos o aspirantes a un cargo de elección.

Dirigentes de los partidos políticos denunciaron ayer supuestos delitos electorales cometidos por sus adversarios y no deberá sorprendernos que a partir de hoy haya manifestaciones y protestas en diversos lugares del país, sobre todo frente a las sedes de los institutos electorales en donde se realizarán los cómputos distritales y municipales para determinar los resultados.

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También habrá que ver cuántos delitos se denunciarán ante la FEDE y cuántos resultados finales acabarán siendo determinados por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.

Si la mexicana fuera una democracia plena, la elección de ayer no sería motivo para la gran cantidad de análisis y comentarios que durante las próximas semanas se difundirán por los medios de comunicación y las redes sociales.

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