Opinión

Sí, la pandemia le vino como anillo al dedo

Recordatorio: No olvidemos el 3 de mayo, Metro Olivos. Justicia para las víctimas, castigo para los responsables.

Es difícil evaluar la actuación de los gobiernos y los organismos internacionales en este momento en que la pandemia del Covid-19 no ha terminado. Tenemos algunos elementos, mucha información y una diversidad de opiniones. Para empezar, ¿cómo se puede evaluar a la Organización Mundial de la Salud (OMS)? En enero pasado, el Panel Independiente de Preparación y Respuesta ante una Pandemia, constituido a instancias de la OMS con el fin de revisar la respuesta ante la enfermedad, señaló que el organismo fue lento y que debió haber declarado la pandemia con mayor prontitud. Esto habría ayudado a que las naciones se prepararán con antelación. La crítica también va para las autoridades chinas que trataron, en principio, de esconder información.

Por si fuera poco, una acusación que se lanzó desde una fuente tan poco confiable como Donald Trump, y que se había desechado, ahora se retoma. Me refiero a la idea de que el virus había sido creado en un laboratorio en Wuhan. Un equipo de la OMS viajó a China y concluyó que una posible fuga de un laboratorio era “extremadamente improbable”. Sin embargo, según consignan los medios, esto no ha convencido al presidente Biden ni a varios investigadores poco dados a creer en conspiraciones. El mandatario dio la orden a los servicios de inteligencia de investigar los orígenes de la pandemia de covid-19. Esto incluye revisar la posibilidad de que salió de un laboratorio en Wuhan. Lo cierto, es que no hay informes concluyentes acerca del origen del coronavirus.

La pandemia no sólo tomó desprevenida a la OMS, también a la mayoría de los gobiernos del mundo. Por supuesto, hay países que enfrentaron el virus con éxito desde el principio (Israel, Nueva Zelanda, Corea del Sur o Islandia, por ejemplo); otros cometieron errores desde el principio y tuvieron y tienen grandes problemas (Brasil, por ejemplo); algunos más corrigieron sus errores iniciales (Reino Unido estaría en este caso). Por supuesto, en muchos países, hubo protestas por errores, reales o supuestos, que cometieron sus gobiernos. 

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¿Cómo ha sido la experiencia mexicana con relación a este panorama? Se sabe que se hicieron muchas menos pruebas de las aconsejables. Esta decisión inicial (equivocada) impidió un seguimiento eficiente de los casos. En realidad, nunca se supo (ni se sabe) cuántos contagios había. Tampoco hubo una gran preparación para recibir la pandemia. A pesar de que se sabía desde enero del 2020 que se avecinaba, el gobierno no se preparó con equipos médicos y, por si fuera poco, se subestimó la gravedad de la enfermedad, prueba de ello fueron los llamados del presidente a seguir abrazándose, salir a comer o no usar el cubrebocas. 

Adicionalmente, el presidente López, el secretario Alcocer y el subsecretario López Gatell estuvieron insistiendo en una fantasiosa “curva aplanada”, a pesar de las evidencias en contrario. Dejaron de hacerlo cuando en diciembre y enero pasados la elevación de contagios y muertos no se pudo negar. También subestimaron el número de muertes que se podría alcanzar. Recordemos las afirmaciones de López Gatell diciendo que si se llegaba a 60 mil muertes sería una catástrofe. Ahora, hay casi cuatro veces más de muertes aceptadas oficialmente y sí, ha sido un desastre. Expertos y hasta la propia SSA reconocen que el número real de contagios y muertes es mayor. ¿Cuan mayor? No hay un dato fidedigno porque muchas personas murieron en sus casas, rechazados de hospitales o no quisieron acudir a un centro de salud por diferentes causas. 

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En otro tema, hay que decir que muchísimas personas no acataron las normas esenciales de sana distancia o el uso de cubrebocas. En cuanto los contagios y muertes disminuyeron, allá por febrero pasado, la vida se normalizó en gran medida. Aquí, hay una pregunta esencial: ¿por qué si parte de la población salió sin la debida protección no hay una tercera ola a nivel nacional? No hay una respuesta clara, pero algunos expertos y la propia SSA especulan que una parte importante de la población (¿30 o 40%?) ya se contagió y las molestias fueron imperceptibles o muy leves. 

Ahora que la vacunación avanza en nuestro país hay que decir que claramente se ha usado con fines electorales. Sin embargo, la otra gran pregunta es: si el manejo de la pandemia fue tan malo como muchos creemos ¿por qué no le ha afectado al presidente López en su popularidad? Si se analizan las encuestas de desempeño del 2020 y 2021, se verá que las calificaciones que le asignaban al gobierno en seguridad o economía, por ejemplo, eran malas, pero en salud eran buenas o aceptables, ¿por qué?

Es difícil saberlo, pero tal vez esas calificaciones sobre salud escondan las verdaderas intenciones de mucha gente para este domingo.

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