Opinión

Sequía pone en riesgo agro y precios

El campo mexicano podría enfrentar uno de los peores escenarios este 2021 si se mantienen los niveles actuales de agua en presas, por debajo de 50% de su capacidad, con un consecuente impacto en los precios y el bolsillo de los consumidores por el alza de productos básicos como son granos, verduras y carne.

Con esa perspectiva arrancó la temporada de producción 2021-2022, y si bien en algunos estados las lluvias recientes arrojan buenos augurios, en algunas entidades del centro y norte del país, aún debemos esperar algunos milagros.

Por lo pronto, el Servicio Meteorológico Nacional de México (SMN) dio a conocer recientemente que la sequía se ha extendido desde julio de 2020. De hecho, estima que 87.5% del territorio sufre sequía en diversas intensidades, lo que está provocando la pérdida de cientos de cultivos.

Esta situación –que no ha sido calculada y tampoco se ha manejado un plan B para enfrentarla– pondría en jaque la producción del campo mexicano, principalmente en cultivos intensivos de uso de agua, impacto al consumidor final. Hay que recordar que, a escala global, alrededor de 70% del agua dulce disponible se destina a la agricultura y la ganadería, mientras que, en México, el porcentaje aumenta a 76%, de acuerdo con datos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Así, ante una mayor demanda de alimentos, uno de los temas más importantes de aquí a 2050 es el agua. Contar con ella es prioridad de la población, los gobiernos y la industria a nivel global. Y contribuir con métodos de producción agrícola eficientes es uno de los pasos para garantizar su disponibilidad.

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Desde esta perspectiva, es urgente realizar acciones para optimizar el uso del líquido, apoyar el desarrollo y la productividad en el campo, y cumplir con los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible marcados por la ONU en la Agenda 2030, a través de la innovación y la tecnología. Será prioridad producir semillas mejoradas que requieran menos recursos y con ello proteger la tierra para cultivo.

Generar variedades de cultivos más resistentes al cambio climático, a las plagas y que consuman menor cantidad de agua, pero mantengan o incrementen sus valores nutricionales es parte de lo que se hace desde la industria agrícola para garantizar la disponibilidad de alimento esta década.

En México no es posible aumentar la superficie cultivable, por lo que la única opción es incrementar la productividad por hectárea. Por ejemplo, en el caso del maíz, actualmente es de 3.4 ton/ha, pero con tecnología es posible llegar a 10 ton/ha sin elevar el consumo de agua y otros recursos.

El reto es reducir el uso de agua en la agricultura a nivel global y proteger la cadena productiva para garantizar la producción de alimentos, pues los productores de pequeña y mediana escala, quienes constituyen 85% del total de productores agroalimentarios, generan más de 60% del empleo contratado.

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No olvidemos que, al inicio de la crisis sanitaria, por la Covid-19, las cadenas de suministro alimentario se colapsaron, ya que muchos países habían impuesto restricciones a la circulación transfronteriza o incluso en términos nacionales. Como consecuencia, el desafío no era la disponibilidad de alimentos, sino que se pudiera acceder a ellos con facilidad. Y si no se pone atención a este problema de sequía severa, el país tendrá serios problemas de disponibilidad de alimentos y precios.

En conclusión, México debe atender los problemas generados en el campo por la falta de agua, pues el año pasado el país registró una producción récord de alimentos de 290.2 millones de toneladas. Asimismo, las exportaciones agroalimentarias de 2020 alcanzaron 39,525 millones de dólares lo que pone en perspectiva la relevancia de mantener saludables a los componentes del campo, ante una situación cada vez más apremiante.

* Director general de Syngenta para México y LAN.

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