Opinión

Los océanos siguen ausentes

Son muchos los síntomas de un planeta que languidece inmerso en una enfermedad climática. Simplemente el aumento de la temperatura nos ha traído multitud de sequías, incendios forestales, degradación de suelos, tormentas de arena y polvo, desertificación, intensas tormentas, contaminación, elevación del nivel del mar, destrucción de manglares, decoloración de corales, acidificación y reducción de los niveles de oxígeno de los océanos.

Cada día son más visibles los efectos de la crisis climática, hace unos días en la Antártida el iceberg A-76, con una superficie que ronda los 4,320 kilómetros cuadrados, se desprendió de plataforma Ronne e inició su desplazamiento por el mar de Weddell. De hecho el estudio más reciente de la Universidad de Leeds revela que la tasa de pérdida de hielo de la Tierra en las recientes tres décadas ha aumentado de 800 millones de toneladas por año en 1990 a 1,300 millones de toneladas por año en 2017.

La situación no mejora, el Informe sobre la brecha en las emisiones 2020 del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente señala que a pesar de una ligera caída en las emisiones de dióxido de carbono causada por la pandemia de Covid-19, el mundo todavía se dirige a un aumento de temperatura de más de 3°C este siglo, mucho más allá de los objetivos del Acuerdo de París de limitar el calentamiento global muy por debajo de 2°C y hacer todo lo posible por no superar 1.5°C.

En el Día de la Tierra, el 22 de abril, cuando se cumplieron cinco años de la firma del Acuerdo de París, el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, convocó a la Cumbre de Líderes sobre Cambio Climático en la que participaron 40 dirigentes del mundo. Estados Unidos se comprometió a recortar las emisiones de efecto invernadero en 52% para 2030, en reducir a la mitad las emisiones de efecto invernadero para 2030 con respecto a los niveles de 2005, para alcanzar la neutralidad en las emisiones de carbono para 2050. China habló de impulsar la gobernanza medioambiental a escala global y reiteró lo que ya había propuesto de alcanzar en 2030 el pico de emisiones de carbono y en 2060 la neutralidad de emisiones. Brasil anunció que buscará alcanzar la neutralidad de carbono para 2050, diez años antes de su compromiso anterior. México anunció la modernización de la energía hidroeléctrica y nuevas medidas para luchar contra la deforestación. Canadá reducirá a finales de década las emisiones registradas en 2005 en un 40% e hizo énfasis en haber subido el impuesto a las emisiones de CO2.

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Muchas palabras y promesas que se circunscriben a territorios nacionales, no está mal. Pero, ¿y los océanos? Los océanos contienen el 97% del agua y cubren el 71% de la superficie del planeta y con el plancton, los corales, los peces, las algas y algunas bacterias fotosintéticas captura y secuestra el carbono de la atmósfera.

Hay iniciativas importantes como la que lanzó las Naciones Unidas el miércoles 3 de febrero el Decenio de las Ciencias Oceánicas para el Desarrollo Sostenible, que parte de reconocer que los países solo invierten un 2% de su presupuesto de investigación en las ciencias oceánicas y busca restablecer la capacidad del océano para alimentar a la humanidad, regular el clima, detener la pérdida de biodiversidad y alcanzar el Objetivo 14 de los de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de conservar y utilizar sosteniblemente los océanos, los mares y los recursos marinos para el desarrollo sostenible.

Al margen de los discursos sin visos de la acción coordinada del mundo las islas de basura en el mar permanecen perennes, como cicatrices que advierten una enfermedad profunda que contamina, ensucia y calienta nuestro medio ambiente, aprovechando que los océanos son bienes públicos internacionales, a que no hay responsables directos y al desdén por preservar la vida de los seres humanos.

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Estas islas de la vergüenza humana se van formando cuando la basura es arrastrada por las corrientes marinas hasta el punto en donde se encuentran corrientes y mareas opuestas, dando lugar a que la basura se acumule y poco a poco se desintegra en partículas más pequeñas y dañinas para el medio ambiente.

Reflexiones habrá el 8 de junio en el Día Mundial de los Océanos 2021, cuyo lema es “El océano: vida y medio de subsistencia”, pero sin lugar a dudas los océanos deberán estar presentes el 1o de noviembre cuando se celebrará la 26ª conferencia de las partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, en la ciudad de Glasgow, Escocia, en donde se espera que los países fortalezcan la ambición de sus compromisos climáticos, se dé seguimiento a las políticas y estrategias para implementarlas y los océanos se hagan presentes en la agenda multilateral con proyectos concretos y financiamiento, de lo contrario estaremos jugando al cuento de nunca acabar.

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