Opinión

Apuntes para después de las elecciones

Se juega mucho en esta elección. Independientemente del resultado y del posible conflicto poselectoral, no perdamos de vista temas determinantes para el futuro de México que deberían ocupar nuestra atención y la de los tomadores de decisiones. Presento algunos de ellos.

Primero, hay que reconocer que no podremos superar los grandes retos del país sin crecimiento económico y que debemos crear las condiciones para elevarlo. No hay de otra. El crecimiento es esencial para generar empleos e incrementar los ingresos de las familias y, por lo tanto, para reducir la pobreza y la desigualdad. Se requiere para elevar la recaudación y financiar inversión y gasto público que se traduzca en mejores oportunidades de desarrollo para todos. El reto es grande. La contracción económica de México en 2020 estuvo entre las más altas del mundo (-8.5%) e inició antes de la pandemia. Fue mayor a la mundial (-3.5%), a la de América Latina (-7.4%) y a la de Estados Unidos (-3.4%), nuestro principal socio. Aunque el pronóstico para 2021 parece bueno (5-6%), es bajo dada la caída observada y tardaremos años para que nuestra economía regrese al nivel previo.

Segundo, enfrentamos altísimos niveles de pobreza. En 2018, 42% de la población estaba en esta situación a la que se sumaron millones más desde entonces según estimaciones del Coneval y Cepal, debido a la crisis económica y a la pandemia, así como la insuficiencia y deficiente diseño de apoyos para combatirla y para evitar el desempleo y pérdida de ingresos. También se profundizó la desigualdad. Urge replantear la política social, que dados los resultados, ha mostrado no ser la adecuada. Se cancelaron programas con buenos resultados sin sustituirlos por otros claramente mejores y se debilitaron o destruyeron mejoras cualitativas introducidas en el pasado que abonaban a la transparencia y rendición de cuentas, a la mejora a través de la evaluación y a la despolitización de la política social.

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Tercero, para reducir la pobreza, la desigualdad y la vulnerabilidad, debemos avanzar hacia la protección social universal y, en lo posible, hacerla independiente del estatus laboral de las personas como hoy ocurre, con trabajadores formales amparados por el IMSS o el ISSSTE y el resto —la mayoría—, por múltiples programas inconexos e insuficientes. La administración actual ha reforzado la fragmentación y ha debilitado instrumentos de protección social que funcionaban bien. Resalta el caso del Seguro Popular, sustituido por el Insabi sin completa claridad sobre cómo funcionará éste y cuyas deficiencias las padecen quienes dejaron de recibir los tratamientos y medicamentos requeridos. Está también el caso de Estancias Infantiles, sustituido solo con transferencias pero dejando a miles sin servicios de cuidado infantil.

Cuarto, requerimos invertir más y mejor en el desarrollo de capacidades básicas, en particular educación y salud. Diversas evaluaciones mostraban ya bajo aprendizaje y logro educativo. La pandemia vino a exacerbar las fallas y desigualdades ante la falta de infraestructura e inadecuada planeación con lo que millones de alumnos tendrán rezagos aún aprobando sus cursos. El gobierno desechó aspectos positivos de la reforma educativa del sexenio anterior, cerró el Instituto Nacional de Evaluación Educativa y acabó con la aplicación de la prueba PISA de la OCDE, el mayor referente internacional en la materia, aparentemente priorizando el interés político y gremial sobre el de los niños y jóvenes mexicanos. A su vez, nuestro sistema de salud está bajo enorme estrés. Necesitamos construir un sistema que ofrezca mayor cobertura y atención, un sistema bien fondeado, con medidas de prevención eficaces, mayor resiliencia ante futuras pandemias y mejor preparado para la transición epidemiológica que enfrenta México.

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Quinto, el mayor reto que enfrenta el mundo actualmente no es la pandemia sino el cambio climático y la sostenibilidad ambiental. Por su ubicación y condiciones, México y Centroamérica son particularmente vulnerables ante el cambio climático. A pesar de ello y de los compromisos nacionales adquiridos en el Acuerdo de Paris, la sostenibilidad ambiental no es prioritaria al grado que algunas decisiones públicas van en sentido contrario, como es el embate contra las energías renovables y la preferencia por los combustibles fósiles. La sostenibilidad ambiental no debe verse como una carga necesaria. Redireccionar nuestra economía hacia la sostenibilidad permitirá construir un mejor futuro y generará múltiples oportunidades para construir un país más prospero y con menor pobreza y vulnerabilidad. Eso lo han entendido otros países que reactivan su economía con esto en mente.

Hay otros grandes temas que deberían acaparar nuestra la atención y la de los legisladores, autoridades y políticos. Por ejemplo, reforzar nuestra democracia y las instituciones cruciales para ella, los daños de la polarización para la cohesión social y la urgencia de una reforma fiscal de fondo. Serán materia de otra columna.

*Especialista en desarrollo y políticas públicas. Profesor de la Escuela de Gobierno y Transformación Pública del Tecnológico de Monterrey. Opiniones personales.

Twitter: @GustavoMerinoJ



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