Opinión

Los fuegos artificiales de los conflictos mundiales

Basta con sólo prender la radio unos minutos para darse que cuenta que en el mundo se está llevando a cabo un festival de fuegos artificiales, que se traduce en conflictos mundiales.

Israel, Palestina, y Colombia arden al mismo tiempo. Mientras que en Francia se habla de una posible guerra civil por cuestiones relacionadas al islam, y en Rusia un tiroteo pone sobre la mesa un debate sobre el control más estricto de las armas de fuego.

Lo que me lleva a pensar que tal vez la razón por la que todos estos conflictos estén pasando al mismo tiempo, va más allá de cuestiones políticas y que más bien tiene que ver con la manera en cómo los seres humanos estamos respondiendo a esta pandemia, en donde hasta cambiar de enemigo pueda resultar una cuestión de salud mental.

Aunque en realidad se trate de dos. Porque aunque se cambie de enfoque, el Covid-19 sigue ahí. Al igual que el cúmulo de estrés, luto e incertidumbre, que hacen que después de un poco más de un año de pandemia, todos estemos mucho más irritables que al principio, y esto es algo que se hace cada vez más evidente con el aumento de la violencia y la disminución de la tolerancia en el mundo. 

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Estamos globalmente polarizados y lo peor es que el presente nos inquieta. Por eso del futuro, ya mejor ni hablamos. Los días pasan casi iguales, y tal parece que de alguna manera siempre es hoy. 

Por eso es que estos conflictos están estallando al mismo tiempo, y el hecho de tener un nuevo enemigo que le robe la atención a la difícil situación económica, y al asesino invisible que ya ha cobrado un poco más de 3 millones de muertes a nivel mundial, puede representar un amargo tanque de oxígeno para gobiernos que han ido perdiendo el apoyo popular, porque en esta guerra tan desigual, no hay manera de dejar a todos contentos. 

Con esto no quiero decir que los gobiernos los hayan provocado, sino que simplemente las infecciones y defunciones pasan a segundo plano cuando hay una nueva amenaza que también corre el riesgo de expandirse de manera muy rápida, y con esto me refiero al regreso de la división en términos culturales y religiosos que  podría hacer que más fuegos artificiales se enciendan. 

En la forma de olas de antisemitismo y de repudio al islam que podrían inundar al mundo como resultado de lo que está ocurriendo en Medio Oriente y de paso echarle leña al fuego del conflicto, que se está gestando en Francia. Mientras que lo que ocurre en Colombia, además de darnos una alerta sobre el sentir de Sudamérica, podría arrebatarle la paz a una nación que la ha cuidado de una manera tan celosa, intensificando conflictos sociales no resueltos, que estallaron con el pretexto del repudio a una reforma fiscal, y que podrían llevar al país a dar un giro de timón en las próximas elecciones presidenciales. 

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Por último, lo ocurrido en Rusia, en donde un tiroteo dejó nueve personas fallecidas en una escuela de Kazán, habla de la locura automática que se activa en las personas llenas de odio y carentes de estabilidad mental, que según la ONU, es la otra pandemia que viene.

Para sobrevivir es necesario dosificar las emociones, porque la historia ha demostrado que los fuegos artificiales tienen mecha corta, y que vienen por docena. 

El último en salir apague la luz.

Twitter: @HenaroStephanie



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