Opinión

¿Dónde se fueron los ambientalistas?

Ante el gobierno de mayor vesania ambiental en la historia de México, intriga la retirada y capitulación de casi todos los integrantes de un otrora combativo campo social de ambientalistas. Salvo muy escasas y notables excepciones (todos sabemos quiénes son) que resisten heroicamente, el resto ha desaparecido, fundiéndose en mayorías silenciosas que empatizan con el régimen, le temen, o lo aprovechan. En tiempos previos, el filo de su crítica era agudo y penetrante, y sus iniciativas eran seguidas o al menos escuchadas por gobiernos más o menos receptivos. Desde universidades y centros de investigación, académicos vocales impartían admoniciones públicas que hacían temblar a funcionarios y trepidaban en los medios. ONG descalificaban y hacían abortar proyectos sin las necesarias credenciales ambientales a través de amparos, denuncias y diversos recursos administrativos, e incluso de acciones directas como bloqueos y marchas. Los gobiernos los tenían prudentemente en alta consideración en diversos consejos, comisiones y comités que eran parte de mecanismos institucionalizados de decisión. De la mano y con el empujón de visionarios ambientalistas se crearon leyes y se asumieron compromisos históricos en materia de transición energética y lucha contra el cambio climático. Se decretaron muchas Áreas Naturales Protegidas, y numerosas especies fueron objeto de protección y salvadas de la extinción. Se lograron acuerdos históricos de conservación binacional con los Estados Unidos, y se firmaron tratados internacionales de trascendencia planetaria (biodiversidad, océanos, cambio climático). El Poder Judicial se habituó a procesar recursos jurídicos interpuestos por ambientalistas. Entre los años ochenta del siglo XX y 2018, ambientalistas académicos, civiles y representantes de organizaciones internacionales integraron con el gobierno un dinámico binomio de tensión e innovación política que llevó a México a desarrollar un sofisticado andamiaje jurídico, regulatorio e institucional en temas relacionados con la sustentabilidad.

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Todo desapareció a partir de 2018. El gobierno del Presidente López acumula acciones de una malignidad ambiental inédita; desde la cancelación de proyectos Áreas Naturales Protegidas, hasta el desmantelamiento institucional de todo el sector (Semarnat, CONANP, Conafor, Conabio, Conagua, ASEA) con recortes y despidos incapacitantes, y el nombramiento de funcionarios ineptos, sin experiencia ni calificaciones – incluyendo guardaespaldas en puestos directivos –. El gobierno viola ostensiblemente la legislación ambiental destruyendo manglares en Dos Bocas, y selvas en la Península de Yucatán con el Tren Maya. Ha deforestado más de 150,000 hectáreas con el avieso programa clientelar “Sembrando Vida”. Bloquea la Transición Energética y las energías limpias, y pisotea el Acuerdo de París en materia de cambio climático. Hace el ridículo y se convierte en hazmerreir del mundo en foros multilaterales sobre calentamiento global. Pemex se lanza desaforadamente a la producción de combustóleo y CFE lo quema de manera perversa en termoeléctricas a costa de la salud, del bolsillo, y la vida de los mexicanos, mientras se impide el acceso a la red de transmisión a centrales eólicas y solares.

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Este macabro escenario es rodeado ahora por el mutismo. Ambientalistas académicos se refugiaron a procesar culpas por su voto, siendo retribuidos con violentos recortes a la investigación científica, con la paralización de la UNAM, con golpes inhabilitantes a los Centros de Excelencia, y con la cancelación de becas en el extranjero para sus estudiantes. Guardan silencio para no ganarse condenas del régimen o de colegas y directores adictos a él. Buscan congraciarse y acomodarse al nuevo orden, mientras tratan de mantener los beneficios del SNI. Sufren discretamente los atropellos del CONACYT que los devuelve a una era de oscurantismo, fanatismo y regresión intelectual. Por su lado, ambientalistas de organizaciones civiles – tal vez la gran mayoría – simpatizan con el régimen, por ello prefieren callar y acomodarse y buscar consultorías o posiciones de gobierno. Organizaciones internacionales se ocultan, buscan no atraer represalias, e incluso se desdicen de investigaciones serias y rigurosas. Sólo unos pocos resisten con dignidad detrás del derecho, del análisis y de la razón pública.

@g_quadri

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