Opinión

Avanza la contienda electoral

El político se convierte en estadista cuando comienza a pensar en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones.

Winston Churchill

En enero comentamos que este año estaría lleno de retos, uno de ellos sería el respeto a las reglas del juego electoral y a la Ley. Ese reto no pudo ser superado debido, principalmente, a la ilegal participación del Presidente López Obrador en apoyo a los candidatos de su partido y a su movimiento y -sobre todo- denostando al INE y al TRIFE, con lo que se afecta el proceso, lastima nuestra democracia y pone en peligro al tejido social.

Es muy preocupante que se pretenda hacer creer que nuestra democracia, sus instituciones y sus principios son un problema y no un logro.

El avance del proceso electoral de este año nos hace víctimas de un bombardeo con llamadas telefónicas, mensajes, anuncios y propaganda, casi todos huecos, que principalmente demuestran la pobreza de talento, de ideas y de ideología. Se aprovechan los medios -sobre todo- para denostar, descalificar y mentir. Todo ello con el único afán de obtener cargos de elección popular, vivir del presupuesto y, en el caso del partido gobernante para darle todo el poder al Presidente que -paradójicamente- debilitaría más al Poder Legislativo, ello en el caso de alcanzar la mayoría en la Cámara de los Diputados. De lograrlo, todo indica que enfilaría sus baterías para destruir al Poder Judicial, a los órganos electorales y a los órganos autónomos.

Es indispensable que todos vayamos por el camino de la Ley, que se respete la garantía de nuestros derechos y libertades, pues se halla en el aire la moneda que definirá nuestra suerte: democracia o autoritarismo, que puede poner en riesgo nuestras libertades y nuestras esperanzas.

Las turbulencias en las instituciones nacionales, que a todos nos afectan, se han complicado más con la contienda electoral. 

El insulto, las vulgares amenazas de acabar con el INE y con el TRIFE, el nepotismo en la definición de candidatos y la agresión ya son parte de este atípico 2021. 

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La creciente polarización institucionalizada desde el discurso oficial propicia la discordia que, teniendo en cuenta la muy precaria y generalizada situación económica, sanitaria y de seguridad pública de la mayoría, se traduce en un caldo de cultivo para la violencia y para el odio. 

Tomemos conciencia de que nuestra sociedad se contagia no sólo del Covid 19, también nos estamos contagiando de odio, resentimiento y prejuicios. Nuestro único antídoto para atenuarlos o neutralizarlos, es el contagio positivo que ofrece la cultura de la paz.

Recordemos que la auténtica democracia impulsa la cultura de la paz y propicia, de manera creciente, una participación más activa de la población para encontrar nuevas formas de relacionarse, en las que se privilegia la responsabilidad personal, el respeto al otro y la utilización del diálogo para el desarrollo colectivo. Todo ello hace posible la concordia.

El Plan Nacional de Desarrollo 2019-2024 menciona en varios apartados el objetivo, hasta ahora incumplido, de emprender la construcción de la paz y la promoción de la cultura de paz, que consiste en una serie de valores, actitudes y comportamientos que rechazan la violencia y previenen los conflictos tratando de atacar sus causas para solucionar los problemas mediante el diálogo y la negociación.

Sería altamente conveniente que se cumpla el citado Plan Nacional y que esos valores, actitudes y comportamientos los hiciera suyos y practicara el Presidente López Obrador. Parece haber olvidado lo que expresó en su primer discurso como candidato ganador: que la solución pacífica de los conflictos sería una de sus políticas.

Es urgente que el Jefe del Estado Mexicano asuma sus responsabilidades y evite utilizar su cargo para golpear a las instituciones, denostar a los partidos, candidatos, medios y en general, a quienes considera opositores a Morena y a su denominada “Cuarta Transformación”. 

Debe ya detener su odio y dejar de lastimar la división de poderes y a los órganos autónomos. Parece ignorar que dichos órganos fueron creados para garantizar los fines esenciales del Estado previstos en la Constitución. 

Es urgente que alguien le explique y que entienda que esos órganos autónomos están fuera de la órbita del Poder Ejecutivo, que no están sujetos a relación jerárquica con el Gobierno en turno y que sus atribuciones no se limitan al Poder Ejecutivo, también tienen injerencia sobre los otros poderes, los demás organismos autónomos y las entidades federativas, entre otros. Así como que, para salvaguardar su imparcialidad, sus integrantes son designados para periodos que difícilmente coinciden con los sexenios gubernamentales.

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Estamos inmersos en una debacle que incluye, además de lo ya expuesto, un constante ataque y debilitamiento al Estado de Derecho con contrarreformas y ocurrencias legislativas carentes de análisis de especialistas, como las que ya han sido declaradas inconstitucionales por el Poder Judicial. 

Es muy urgente que el Presidente conduzca el país hacia el bienestar general; a la protección de las personas, de su salud, de su seguridad, de sus fuentes de empleo, de sus propiedades, y que evite aplicar ocurrencias y medidas que sólo nos afectan a todos.

Se ignora que la concordia es indispensable para comprender a nuestros semejantes y que la generosidad da sentido a la coexistencia. 

El Presidente López Obrador declaró en enero que “este año será mucho mejor”, todos lo deseamos. Ello no está ocurriendo, todavía quedan ocho meses para corregir y eso depende -en mucho- de su gestión gubernamental, del respeto a la Constitución y al Estado de Derecho y que se limite al ejercicio de las facultades y atribuciones que le otorgan la Constitución y las leyes que emanan de la misma. 

Edifiquemos juntos la cultura de la paz, sólo así podremos compartir la responsabilidad, ayudarnos mutuamente y salvarnos.

No olvidemos que entre más unidos estemos, seremos más fuertes, entre más divididos, más débiles. 

*El autor es abogado y mediador profesional.

Twitter: @Phmergoldd



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