Opinión

Vacunación politizada

Soy residente de la Alcaldía Coyoacán, y en tal calidad me aplicaron la primera dosis de la vacuna contra el Covid el 25 de marzo. En el proceso, mi actitud personal transitó de la sorpresa y el reconocimiento para de ahí pasar a la reflexión analítica. A continuación, un resumen apretado de mi experiencia, mis observaciones y, sobre todo, de mis deducciones intelectuales. 

Desde la Olimpiada en México, en 1968, no había yo visto algo tan bien organizado por el gobierno. Una coordinación de todos los cuerpos de servicio público en aras de un manejo eficaz y muy atento de contingentes numerosos de ciudadanos.

El buen desempeño se advirtió, incluso, en los muy despreciados agentes de tránsito que hacían fluir a los vehículos de manera expedita, sin permitir el estacionamiento en doble y triple fila.

La policía vigilaba adentro del recinto con mucho esmero. A la entrada, personal administrativo registraba a los solicitantes. A continuación, un equipo de edecanes ataviadas con chalecos alusivos a diversos servicios sociales: “Salud”, “Cultura”, y, sobre todo, con el logotipo de “Servidores de la Nación”, los conducían en su avance. Personal médico aplicaba la vacuna a los pacientes, con atención y respeto. A pesar de la multitud, en una hora estaba yo saliendo debidamente inyectado. ¡Eureka! 

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Dentro del recinto de la vacunación (el Centro de Exposiciones de Ciudad Universitaria), me llamó la atención la presencia meramente decorativa de soldados de la Marina ataviados con su uniforme de campaña y casco militar. Deduzco que los organizadores del sistema (tal vez lectores de Goebbels, ministro de propaganda de Hitler) conocen bien y lo disfrutan, el impacto de una escenografía impresionante y motivadora. 

Ya en la reflexión posterior, caigo en una primera conclusión analítica: esa organización tan eficaz y bien lograda no es, no puede ser, inmediata ni improvisada. Y no siéndolo de esa forma, solo puede provenir de otro empeño que es de inmenso interés para el gobierno de la autodenominada Cuarta Transformación: que su partido, “Morena”, salga triunfador en las elecciones intermedias que se van a celebrar el próximo junio. Evidentemente, por esa intención electoral, era que en el acceso a la vacunación, muchas de las edecanes, ataviadas con sus chalecos propagandísticos, bailaban, aparentemente muy contentas, canciones alegres que se escuchaban por los altavoces a volumen elevado. ¡Convertir a la vacunación en un carnaval gozoso, con una inocultable intención política! Hay que sacar triunfador a “Morena” a toda costa, aun a pesar de esa papa calientísima y tóxica que es la candidatura del acosador sexual Salgado Macedonio a la gubernatura de Guerrero.

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Morena, efectivamente, desea ganar las elecciones a toda costa: echando toda la carne al asador, como se dice coloquialmente. ¿Pero ganarlas, para qué? ¿Con cuáles finalidades posteriores? En respuesta, después de más de dos años de ejercicio del poder, de la aparición de un enfoque, de un estilo de gobernar y de una experiencia, fatalmente nos conducen a una conclusión que difícilmente puede estar equivocada. Acrecentar el poder para seguir cancelando inversiones multimillonarias que están en marcha; continuar estatizando sectores en los que hay concurrencia de la inversión privada; seguir debilitando y agrediendo a los entes autónomos que existen en México; supeditar al Ejecutivo el Poder Judicial; seguir amenazando y amedrentando desde las conferencias mañaneras a los críticos del régimen. Me pregunto, para cerrar, si acaso a fin de dar impulso a sus programas el gobierno de la Cuarta Transformación ha conseguido asesoría de alguna figura destacada de la Revolución Bolivariana en Venezuela (¡Tal vez la joyita de Diosdado Cabello!)

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