Leyes y gobierno

Salario mínimo nunca más por debajo de la inflación; publican reforma a la LFT

A pesar de que es una buena noticia, la política salarial es mucho más compleja. El salario mínimo está aún lejos de ser una remuneración decente o de cerrar la brecha entre hombres y mujeres, señalan especialistas.

A partir de 2022 el aumento al salario mínimo no podrá estar por debajo de la inflación La reforma que da vida a esta disposición fue publicada este martes en el Diario Oficial de la Federación (DOF), con ella se pone un candado para que ya no ocurra lo que sucedió por cuatro décadas: que los precios subían, pero las remuneraciones no.

Es una muy buena noticia, señala el economista Andrés Peñaloza Méndez. No obstante, también representa un riesgo de que “se ralentice el ritmo de la recuperación de los salarios”. El sector empresarial, e incluso una parte del gobierno, detalla, podría tomar esa obligación de manera literal e incrementar las remuneraciones base en apenas 1 o 2% por encima de ese rango, advierte el expresidente de la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos (Conasami).

Si bien la presente administración federal ha incrementado el salario mínimo, el monto sigue violando la Constitución, apunta el especialista en entrevista. El artículo 123 indica que este referente debe satisfacer las necesidades materiales, sociales y culturales de quien encabece una familia y proveer la educación de sus hijas e hijos.

Pero los 141.7 pesos actuales cubren sólo el 30% del costo de una canasta básica alimentaria y no alimentaria para una familia de cuatro personas, apunta. El monto al que al menos debería aspirarse es al que se tenía en 1976, el cual, trasladado al costo, actual sería de aproximadamente 360 pesos diarios, apunta.

También es necesario que en esa política salarial el gobierno tenga verdaderamente una perspectiva de género, comenta Rosario Ortiz, integrante de la Red de Mujeres Sindicalistas (RMS). En 2019 lo propusieron a la Consami, pero la iniciativa no avanzó.

A finales de 2020, casi 7 millones de personas ganaban hasta un salario mínimo. De ellas 3.6 millones son hombres y 3.3 millones, mujeres. Tomando en cuenta que la tasa de tasa de participación económica de ellos es de 74% y de nosotras, casi 41%, según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) de febrero pasado, es desproporcional la cantidad de trabajadoras que gana lo mínimo legal que se puede en este país.

El consejo de representantes, ¿un obstáculo?

El 3 de marzo la Cámara de Diputados modificó el artículo 90 de la Ley Federal del Trabajo (LFT). Con la reforma, propuesta por el senador de Morena Martí Batres y aprobada previamente en la Cámara Alta, se agrega un cuarto párrafo a ese artículo. Éste indica: “La fijación anual de los salarios mínimos, o la revisión de los mismos, nunca estará por debajo de la inflación observada durante el periodo de su vigencia transcurrido”.

Según la Conasami, desde 1976 y hasta 2018, el poder adquisitivo del salario mínimo disminuyó 75 por ciento. El Consejo de Representantes de la Conasami es la instancia que establece, generalmente en diciembre, los salarios mínimos vigentes para todo el siguiente año. Lo integran el gobierno, el sector patronal y los grandes sindicatos.

En al menos “29 ocasiones la fijación estuvo por debajo de la inflación”. Y durante medio siglo se negaron a incluir a las trabajadoras del hogar y las personas jornaleras agrícolas en la lista de salarios mínimos profesionales, recuerda Andrés Peñaloza.

En 2019, la RMS le propuso a la Consami incorporar indicadores que reflejaran la desigualdad salarial entre hombres y mujeres. “Es un órgano muy técnico, y nosotras no somos economistas, nos enviaron información para presentar una propuesta formal. Pero fue imposible hacerla en tan poco tiempo con datos tan especializados”, lamenta Rosario Ortíz.

En ese tiempo, precisa, “Andrés Peñaloza presidía la comisión y, aunque siempre estuvo muy abierto, él no podía mover todo ese aparato técnico y político que es la Consami”. Buscar el apoyo de sindicatos como la Confederación de Trabajadores de México (CTM), que habían avalado las políticas empresariales y la depreciación del salario, no era opción, cuenta.

Éste es el contexto del Consejo de Representantes de la Conasami, la instancia que toma la decisión de cuánto aumentará el salario mínimo.

Los aumentos y los retos

Entre 2018 y 2019 el incremento de la remuneración mínima fue de 16%, aunque con la inflación, en los hechos, fue de 11.2%, apunta Andrés Peñaloza. De 2019 a 2020 creció 20% y para este año el ajuste fue de 15%, al pasar de 123.22 a 141.70 pesos por día. En las empresas, los sindicatos negocian generalmente aumentos de 1 o 2%, señala.

El sector empresarial continuamente asegura que el aumento al salario podría provocar desempleo. La reforma promulgada esta semana y su puesta en vigor podría “alentar que crezcan esas voces”. El peligro es que algunos sindicatos “han estado más cercanos a la política patronal, y dicen que es preferible tener empleos a tener salarios altos”.

Incluso dentro del gobierno, hay un sector con “una tendencia a ralentizar el proceso de recuperación de los salarios”, comenta. En el plan sectorial de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS), la meta es llegar al final del sexenio con un salario mínimo de 171 pesos, recuerda.

Pero este gobierno no podrá cambiar una situación que lleva 40 años en deterioro, pondera. Sin embargo, también “es una manera de querer formalizar algo que es inconstitucional”, pues esos 171 pesos diarios están “muy alejados” de lo que ordena el artículo 123 de la Constitución y el 90 de la LFT.

La reforma, sin duda ayudará, aclara. En este primer año de pandemia el aumento del salario permitió que millones de personas pudieran adquirir al menos lo muy básico. Con la cantidad que se pagaba antes, la situación hubiera sido peor, comenta.

Las remuneraciones de referencia en México siguen siendo de las más bajas de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) y de América Latina.  También son más bajas al de países como Guatemala, señala Peñaloza. “La corta perspectiva patronal y gubernamental les impide ver que la masa salarial está directamente ligada con el desarrollo económico”.

Esa perspectiva además tiene sesgos, dice Rosario Ortíz. “Hay muy poca sensibilidad para entender el tema salarial de las mujeres”. La política es desigual contra las trabajadoras y lo es de manea sistémica, “desde el gobierno”. De continuar así, “la brecha se va a seguir profundizando”.

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