Opinión

La audacia del Papa Francisco ante la tormenta

Por segundo año consecutivo llega Semana Santa en plena pandemia. Si bien es cierto que para muchos resulta un mejor momento que el año pasado, en realidad seguimos golpeados por el virus y los efectos que ha provocado en todos los sistemas. Aún estamos inmersos en un gran misterio que ha sacudido nuestras vidas de manera contudente: a todos juntos y al mismo tiempo.  

Hace unos días se cumplió el año de aquel momento histórico en que el Papa Francisco oró e impartió la bendición “Urbi et Orbi” ante una Plaza de San Pedro completamente vacía. El Cardenal José Tolentino de Mendonca, archivista y bibliotecario de la Santa Iglesia Romana ha hecho un análisis del significado de aquella icónica oración del Papa el 27 de marzo de 2020 en pleno inicio de la pandemia. 

¿Qué nos revela aquella imagen del Papa ante la plaza vacía?, ¿qué nos enseña sobre nosotros mismos? Pregunta el Cardenal Tolentino. Lo primero que resalta es que el Papa Francisco ha tenido la audacia de atreverse a habitar la vulnerabilidad, a ser parte de ella para mostrarnos su enorme valor como parte de nuestra propia experiencia humana. 

En segundo lugar, la audacia del Papa de abrazar y devolver sentido al vacío. Ante nuestra interpetación del vacío como una expresión de hostilidad y amenaza, el Papa le otorga un significado distinto abrazándolo en lugar de repudiarlo. Por eso eligió la escena de la tormenta calmada por Jesús en el Evangelio. 

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El vacío se convirtió en un barco: “Nos dimos cuenta de que estábamos en el mismo barco, todos frágiles y desorientados, pero al mismo tiempo importantes y necesarios, todos llamados a remar juntos, todos necesitados de consuelo. En este barco estamos todos.” El Cardenal Tolentino explica que “el vacío ofrecía una nueva gramática para descubrirnos no como fragmentos aislados, sino como todos hermanos.”

“La tempestad desenmascara nuestra vulnerabilidad y deja al descubierto esas falsas y superfluas seguridades con las que habíamos construido nuestras agendas, nuestros proyectos, rutinas y prioridades. Nos muestra cómo habíamos dejado dormido y aban- donado lo que alimenta, sostiene y da fuerza a nuestra vida y a nuestra comunidad.” Explicaba el Papa en su oración. 

En tercer lugar, la audacia del Papa Francisco para encontrar una metáfora que reorientara la percepción con respecto a la pandemia. Mientras muchos Jefes de Estado se han referido a la pandemia como una “guerra”, el Papa prefirió hablar de la “tormenta” para recordarnos que sólo Dios nos puede salvar. Tal como explica el Cardenal Tolentino, “esto permitió desmontar el impulso inicial de encontrar un culpable, aceptando en cambio que la tormenta nos muestra a todos en una vulnerabilidad que no queremos ver y que nos implica a todos en una reconstrucción que nos compromete globalmente.”

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En cuarto lugar, la audacia del Papa de rezar a Dios en el silencio de Dios. La imagen del Papa rezando e impartiendo la bendición eucarística en un contexto de desolación, muestra, como explica el Cardenal Tolentino, “cómo lo invisible de Dios atraviesa los bloques de la historia y su silencio nos da la posibilidad de vivir, siguiendo los pasos de Jesús, situaciones de abandono con confianza y entrega en sus manos.”

Sirva esta Semana Santa y la próxima Pascua que habremos de celebrar para abandonarnos en las manos de Dios y seguir confiando a pesar de las pruebas y cualquier adversidad. Esta tormenta está llena de señales y lecciones si abrimos los ojos y el corazón para verlas y sentirlas. Dios nos sigue hablando de muchas formas, ojalá sepamos escucharlo y transformemos nuestro miedo en Esperanza. El testimonio y ejemplo del Papa Francisco nos animan e inspiran para lograrlo.

*El autor es Presidente Fundador del Instituto de Pensamiento Estratégico Ágora A.C. (IPEA). Primer Think Tank de jóvenes mexicanos y de Un millón de jóvenes por México.

Twitter: @armando_regil 



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