Opinión

El antitrust en la era Biden, ¿regreso al pasado?

Cada presidente de los EU imprime un sello particular a la política de competencia. La tradición dicta que, con la llegada del nuevo inquilino de la Casa Blanca, éste realiza designaciones en las agencias de competencia, el Departamento de Justicia y la Comisión de Comercio Federal (FTC), alineadas con su posición política.

En su arranque, Trump amenazaba con ser un presidente intervencionista, lo que se reflejó en el procedimiento de análisis de la fusión ATT- Time Warner, más inspirada en un ánimo revanchista contra CNN que en criterios y antecedentes técnicos. Más allá de este incidente, la operación de las agencias siguió un curso normal. Aunque en materia de economía digital el gobierno de los EU siguió un enfoque contrario a la neutralidad de red, en el ámbito analítico las decisiones de los organismos de competencia se mantuvieron apegadas a la tradición del estándar del bienestar del consumidor. De hecho, quienes encabezaron las agencias, en repetidas ocasiones señalaron que, si bien la economía digital entrañaba retos analíticos mayúsculos, no vislumbraban la necesidad del cambio del estándar analítico ni la necesidad de abandonar las herramientas tradicionales para definir el mercado relevante y determinar el poder sustancial.

Esta situación podría cambiar. En una decisión ampliamente aplaudida por algunos sectores, Biden propuso como Comisionada de la FTC a la académica Lina Khan, célebre por la publicación de uno de los artículos más populares en la materia de la última década, denominado “La paradoja antitrust de Amazon”. En dicho trabajo, Khan expone que el desarrollo de la plataforma de Amazon es benéfico para los consumidores solo en apariencia porque, al ser la intermediaria de un volumen creciente de comercio y comunicaciones, ha generado una reducción acelerada de la competencia entre plataformas. De acuerdo con la autora, ello ha conducido a una consolidación del mercado en uno o dos gigantes tecnológicos.

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En esta perspectiva, el desarrollo de los modelos de negocios de las plataformas lleva al crecimiento con base en bajas utilidades. Debido a su rol de proveedoras de servicios de intermediación, las plataformas recolectan información que podría ser utilizada para dañar la posición competitiva de algunos competidores.

Esta postura rememora al juez Louis Brandeis, quien hace más de 100 años postuló que las grandes corporaciones dañaban la economía y la democracia y que de alguna manera influyó, durante varias décadas y hasta los años setenta, en la aplicación errática del antitrust en los EUA.

La adopción de herramientas económicas para el análisis desde hace 4 décadas ha dado mayor certidumbre en los EU, aunque algunos han acusado la tibieza de las intervenciones para prevenir las conductas anticompetitivas, sobre todo en comparación con Europa. Las autoridades europeas han sido mucho más activas en relación con investigaciones de uso indebido de posición dominante y han emprendido investigaciones de amplio calado que han generado grandes expectativas. Sin embargo, estas autoridades han sido criticadas por su debilidad analítica y su desapego a principios económicos, lo que las ha llevado a sonados fracasos en la defensa de sus decisiones ante las instancias judiciales.

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Cuando Robert Bork escribió su libro “La paradoja antitrust”, advertía sobre la posibilidad de que las autoridades adoptaran actuaciones que desincentivaran la agresividad de las empresas en el mercado. La nueva paradoja del antitrust, que en realidad es vieja pues tiene más de 100 años, es proteger a los consumidores del “peligro” de los precios bajos. La manera de atender los retos del futuro en materia de desarrollo de los mercados no es acudir a conjeturas basadas en correlaciones generales, sino hacer un esfuerzo analítico para depurar las herramientas y aplicarlas a problemas reales.

@javiernunezmel

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