Opinión

Breve historia de la arqueología

“Excavar es abrir un libro escrito en el lenguaje que los siglos han hablado dentro de la tierra.”

 

Spyridon Marinatos

Entender nuestro pasado y conocer la evolución de las diferentes civilizaciones que han habitado nuestro planeta, nos revela nuestra identidad como seres humanos y nos permite reconocer y valorar similitudes y diferencias que nos enriquecen como personas.

Esta es precisamente una de las contribuciones de la arqueología que, como diría el destacado investigador mexicano Eduardo Matos Moctezuma, “es como una moderna máquina del tiempo que nos permite dar vida a lo muerto”. Los arqueólogos escarban con paciencia en cada capa de tiempo, para interpretar la vida de nuestros antepasados mostrándonos nuestros orígenes y de esa forma, revelar nuestra naturaleza.

Hace unos meses se anunció el descubrimiento de artefactos de piedra en una cueva en el estado de Zacatecas. Estas evidencias podrían dar un giro a la historia de los primeros pobladores del continente americano, ya que anteriormente se estimaba que los clovis habían llegado hace aproximadamente 13,500 años, pero los nuevos hallazgos sugieren que estas tierras fueron ocupadas hace aproximadamente 30,000 años -casi 20,000 años antes del comienzo de lo que hoy llamamos “civilización”.

Con este importante acontecimiento en mente, quiero compartir un fascinante libro que traza la evolución de la arqueología desde su origen en el siglo XVIII hasta nuestros días, exponiendo cómo a lo largo del tiempo se ha desarrollado una mayor comprensión del pasado gracias a las investigaciones que, en sus inicios, fueron motivadas por intereses diferentes a los científicos.

Brian Fagan escribió esta obra, titulada “A Little History of Archaeology”, en la que relata de forma entretenida las historias de los grandes descubrimientos de la arqueología y cómo impactaron en las creencias que se tenían sobre el desarrollo de la humanidad.

Fagan sitúa los orígenes de la arqueología a principios del siglo XVIII, con el descubrimiento fortuito de vestigios romanos enterrados bajo las cenizas de la ciudad de Herculano (cerca de Pompeya), arrasada por la erupción del volcán Vesubio en el año 79 de nuestra era. Un campesino que escarbaba un pozo encontró algunas esculturas de mármol. La noticia llegó hasta un príncipe que envió trabajadores a la zona, quienes desenterraron tres estatuas antiguas en estupendas condiciones de conservación. De inmediato, el hallazgo desató el interés por la búsqueda de tesoros ocultos, dando pie al surgimiento de esta nueva disciplina.

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El autor describe cómo nació la curiosidad entre adinerados terratenientes europeos y viajeros, con gusto por el arte clásico, por encontrar más obras de los romanos y los griegos para después presumir esas reliquias.

Antes de establecerse el estudio detallado, riguroso y científico de las ruinas y los restos de civilizaciones remotas, pasaron décadas en las que aventureros y cazadores de tesoros protagonizaron fabulosos descubrimientos a la par que destacados académicos daban los primeros pasos para realizar investigaciones formales y detalladas, dando forma a una mayor comprensión de la historia.

Uno de los pioneros en este camino fue Johann Joachim Winckelmann, quien advirtió que los objetos descubiertos en las excavaciones eran valiosas fuentes de información acerca de la vida cotidiana y el contexto social de sus propietarios, lo que en su momento fue una idea revolucionaria. Consideremos que hace 250 años la mayoría de la gente basaba su pensamiento sobre el pasado en la Biblia.

Las excavaciones arqueológicas a gran escala comenzaron cuando el diplomático francés Paul-Emile Botta y el aventurero inglés Austen Henry Layard, buscaron y encontraron la ciudad bíblica de Nínive, en el norte de Iraq -dentro de la actual Mosul-. Así como ellos, destacados exploradores aficionados hallaron los vestigios de varias de las antiguas civilizaciones del mundo y no fue sino hasta finales del siglo XIX cuando los arqueólogos profesionales fueron reconocidos.

Pero ningún hallazgo hasta entonces tuvo tanto alcance como el de la famosa tumba del faraón egipcio Tutankamón, por parte de Lord Carnarvon y Howard Carter en 1922. Fue un suceso que causó fascinación a través de todo el mundo.

El libro también relata casos mucho más cercanos a nosotros, como el descubrimiento de la cultura Maya que hicieran John Lloyd Stephens y Frederick Catherwood, el cual dieron a conocer en su obra “Incidentes de viajes a Centroamérica, Chiapas y Yucatán”. El texto de Fagan dedica además un capítulo a los estudios que por casi un siglo se han desarrollado en Teotihuacán, la “ciudad de los dioses”, hasta los recientes hallazgos de un túnel y varias cámaras repletas de objetos que aportan nueva y valiosa información sobre la importancia que tuvo este asentamiento y su cultura, que precede a la mexica.

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La arqueología surgió en Europa como un pasatiempo de gente con recursos suficientes para financiar expediciones a lugares remotos para presumir sus hallazgos -muchas veces extraordinarios-. Hoy es una disciplina formal y una forma de vida para investigadores profesionales a nivel global.

Los arqueólogos modernos se apoyan en los más recientes avances tecnológicos como la detección remota, utilizando rayos láser, imágenes satelitales y radares que penetran la tierra para poder encontrar sitios potenciales y planear detalladamente sus excavaciones.

Pero ¿por qué es importante la arqueología? Fagan resalta que es la única manera confiable que tenemos de estudiar los cambios de las sociedades humanas, a través de cientos de miles de años. Por ejemplo, debido a creencias religiosas muy extendidas, se asumía que los humanos habían ocupado la tierra desde hace seis mil años. Ahora, sabemos que la escala de tiempo relevante para nuestra especie es de tres millones de años —la civilización apenas tuvo lugar hace poco más de diez mil años.

Por encima de todo, la arqueología nos define como seres humanos. Revela nuestros ancestros comunes en África y nos muestra nuestras similitudes y diferencias. Estudia a la gente en su asombrosa diversidad y nos ayuda a comprender lo más profundo de la naturaleza humana.

Hoy podemos empezar a explorar esta fascinante disciplina a través de este magnífico texto.

*El autor es presidente y fundador de Grupo Salinas.

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