Opinión

Un fajador en Palacio

Si López Obrador fuese boxeador seria clasificado como fajador o sea aquel peleador que lo único que sabe es tirar golpes y carece totalmente de técnica. Para ganarle a un fajador no hay que ponerse al tú por tú a los golpes, sino ser un estilista que impone su ritmo, la distancia, cabecea para evadir los golpes y contragolpea para ganar la pelea por puntos.

Como político López Obrador siempre ha sido un fajador, un hombre al que le gusta confrontar a sus enemigos y que se mueve como pez en el agua en ese estilo. Su cuadrilátero como presidente son las mañaneras y en ellas busca todos los días tirar golpes con cualquier pretexto para confrontar a sus adversarios, imponer su estilo y su agenda. Con esa técnica no pasa un día en que no se hable de él y en el que la vida política nacional no gire alrededor de su persona.

Para enfrentarlo tenemos que imponer nuestra estrategia, ganar distancia ante sus provocaciones, salirnos del cuadrilátero y ser nosotros los que impongamos la agenda política todos los días. Una agenda que se salga de la coyuntura y las confrontaciones del presidente y se enfoque a difundir la grave situación que enfrenta el país.

Debemos de dejar de caer en sus provocaciones, darle el avión como dicen los jóvenes y más que contestarle, simplemente descalificarlo por ser sólo un provocador y mentiroso. Debemos enfocarnos en crear conciencia entre la gente sobre los graves problemas que enfrenta el país y la incapacidad de su gobierno para enfrentarlos.

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Después de perder durante los primeros meses de su gobierno 20% de su popularidad, López Obrador se dio cuenta que un discurso conciliador le estaba haciendo perder el apoyo de parte de sus seguidores y decidió regresar al discurso de confrontación y descalificación que tanto rendimiento le ha dado durante toda su vida política. No es que esté enojado, resentido o sea un necio, su discurso de confrontación y división le ha servido para dividir al país entre los que están con él en forma incondicional y los que lo rechazan diga lo que diga.

Es increíble que después de 26 meses de gobierno le siga funcionando el mismo discurso de ricos contra pobres, fifís contra el pueblo honesto y conservadores contra liberales. Cada vez que parece que ese discurso se está desgastando, inventa algo nuevo para renovarlo y le siga siendo útil. Si analizamos estos meses siempre ha habido una razón para que ese discurso se mantenga vivo. En el caso de la reforma eléctrica sabía que es inconstitucional, que iba a ser impugnada y que se la iban a congelar, pero le convenía enviarla porque le permitió en medio del proceso electoral renovar su discurso que divide al país.

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Por eso ha propuesto consultas sobre el juicio a los expresidentes y para la revocación de mandato, porque le va a permitir mantener durante los próximos 12 meses el mismo discurso de confrontación y división que le ha funcionado hasta ahora. Seguramente después de esas consultas inventará otros temas para mantener vigente su discurso.

López Obrador no es un hombre de ideas, pero sí de descalificaciones, no sabe discutir, pero sí tirar golpes, nunca va al fondo de la crítica, porque no tiene argumentos, sólo descalifica en lo personal a los que lo critican. López Obrador es un gran actor y si no cambiamos de técnica, su estilo y su agenda se van a seguir imponiendo lo que resta del sexenio.

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