Opinión

La felicidad

Siempre he sospechado de las personas que se dicen felices. Cuando alguien declara que venimos a este mundo a serlo, la cosa me pone muy mal. Me da la impresión que los supuestamente felices están desconectados de la realidad o no procesan bien la información o que de plano viven en una realidad paralela a la mía. Me resulta imposible pensar que un humano pueda declararse feliz, feliz, feliz. Es cierto que todos hemos tenido momentos extraordinariamente alegres o incluso llegar al éxtasis, de acuerdo…pero unos momentos nada más.

De modo que cuando hace unos días me enteré de que México había caído 23 lugares en el “ranking de la felicidad” debo confesar que me reconcilié un poco con la vida. ¡Vaya! Al fin mis compatriotas le vamos poniendo algo de realidad a este asunto tan complicado de existir. 

De acuerdo a esta misma encuesta, en 2019 nuestro país se encontraba en el lugar 23 de felicidad entre 149 países en el mundo.  Cuando en su momento leí este reporte no dejé de sorprenderme, caray… ¿y en ese año por qué estábamos tan contentos los mexicanos?. Y resulta que ahora, después de la COVID y la terrible crisis económica —entre otras cosas— pues nos hemos dado de topes  con la realidad y nos encontramos en el lugar 46 de esa misma lista de naciones. 

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El Índice de Felicidad de la empresa Gallup, se integra con encuestas e investigación sobre la calidad de vida, el bienestar y las “subjetivas emociones” de los ciudadanos de cada país. Es un cuestionario sobre la percepción de los humanos sobre su realidad y entorno. 

La mala noticia para el mundo es que todos los países mostraron una tendencia a la baja en su rango de felicidad derivada de las terribles adversidades que hemos enfrentado. Sin embargo y a pesar de todo, aún existen naciones, como Finlandia, Dinamarca y Suiza o en nuestro continente como Costa Rica en donde el día a día no se vive de manera tan triste. Será creo, que en estos países aún cabe la esperanza.

El fatídico 2020 trajo tristeza y luto a millones de familias del mundo. En México, la situación se tornó aún más difícil que en años anteriores. Enfrentamos una pandemia devastadora, que ha dejado cientos de miles de fallecimientos, enfrentamos esta enfermedad en las peores condiciones posibles, sin equipo médico, sin estrategia, sin medicamentos y con una gestión lamentable y llena de supercherías del enorme problema. Nunca se extendió una mano para apoyar al millón de empresas que finalmente tuvieron que enfrentar la quiebra. Por si fuera poco, los recortes presupuestales, el austericidio, la desaparición de muchos programas sociales, la escasez de medicamentos, el aumento del desempleo, el apoyo multimillonario a PEMEX y la CFE, la cancelación inexplicable y arbitraria del Aeropuerto de Texcoco, la inseguridad, la violencia contra la mujer y la militarización del país, por mencionar algunos de nuestros problemas, han ido creando, en el 2020 y en lo que va de este 2021, una sensación de agobio y desesperanza que no nos permite recuperar la certidumbre y la confianza en que nuestro país podrá salir adelante. Más que comprensible que hayamos caído 23 lugares en nuestro grado de felicidad. 

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La gran pregunta es si seremos capaces de no darnos por vencidos, no para ser felices, que en eso no creo, sino simplemente para recuperar todo lo que hemos ido perdiendo de cuando supuestamente estábamos peor.

Como diría el gran Pirulí, la felicidad es una forma de navegar por esta vida que es la mar. Lo malo es que en este momento o cambiamos de rumbo o parece que nuestro barco esta zozobrando.

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