Opinión

Superiormente educados

Es un momento idóneo para que, aprovechando esta pausa en la cadena educativa, realmente se pueda fortalecer un eslabón donde México ha encontrado un cúmulo de problemas que dificultan el acceso y la democratización de la etapa superior educativa

Largo fue el trecho recorrido para consolidar un proceso legislativo que arrancara en aquel ya lejano 2016, y desde donde se dibujó la necesidad de llevar a la obligatoriedad del estado el hacerse cargo de la educación superior en el país. Así, el contenido de la nueva Ley en la materia, apoya la visión de la exigibilidad hacia el estado de tal nivel educativo, mediante un enfoque federalista y en reconocimiento del valor que tiene la universidad como centro de aprendizaje y transformación integral del ser humano.

Se trata de un avance significativo, sobre todo cuando el distanciamiento social por la pandemia de covid ha causado una honda brecha en el aprendizaje en todos los niveles. Es un momento idóneo para que, aprovechando esta pausa en la cadena educativa, realmente se pueda fortalecer un eslabón donde México ha encontrado un cúmulo de problemas que dificultan el acceso y la democratización de la etapa superior educativa.

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Es destacable que, en armonía con la reforma constitucional de 2019, se consolide una Ley General que acentúa el carácter social de la preparación académica y que consolida a la universidad como eje holístico en la preparación; no solo en la construcción del saber, sino en el desarrollo armónico de la totalidad de facultades, pasando por la generación, aplicación y transmisión del conocimiento.

Es así, que la universidad, además se fortalece desde el concepto de autonomía, donde irrestrictamente se garantiza el derecho de las instituciones para autogobernarse. Hay varios puntos adicionales que permiten el paso a la gratuidad absoluta a futuro mediante la creación de un Fondo Federal Específico, además que se garantiza la progresividad presupuestal que evita cualquier reducción en los presupuestos para este noble fin.

Lo importante en este tema es cómo estamos transitando a un modelo que tiene como base funcional la coordinación entre los distintos órdenes de gobierno. Destacable sobre todo cuando en la genética educativa mexicana, se enraizó la lógica centralista, misma que configuró un desarrollo de país con profundos contrastes y contradicciones. Es ahora cuando, mediante la operación del recientemente creado Sistema Nacional de Educación Superior, existe esa posibilidad de equiparar el hasta ahora desigual desarrollo en la materia. Hay fundada esperanza por igual en una educación de calidad al crearse el Sistema de Evaluación y Acreditación del ramo.

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Pero aún restan resistencias que vencer. De entrada, la inconformidad de algunas organizaciones sindicales, que consideran insuficiente la reforma. Además, el trecho en donde las legislaturas locales tendrán que modificar sus marcos normativos en los siguientes 180 días a la publicación de la Ley, parece aún un prolongado camino por recorrer. Pero ningún camino es intransitable cuando el destino es contar con herramientas de conocimiento que dibujan un país prolífico y preparado.

Twitter: @gdeloya

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