Opinión

Resiliencia hídrica: factor indispensable para el futuro

En la actualidad, el agua es un recurso sumamente amenazado por el crecimiento demográfico, la sobreexplotación y contaminación, la falta de ordenamiento territorial y una mala planeación urbana, así como la deforestación y afectación de los ecosistemas.

De conformidad con la UNESCO, para 2017 la población mundial alcanzó los 7,600 millones de personas en junio de 2017 y se espera que llegue a 9,800 millones en 2050.

Más de la mitad de la población mundial (54%) vive actualmente en ciudades y, de acuerdo a UNICEF, se espera que la proporción de la población urbana respecto a la rural aumente hasta dos tercios (el 66,4%) para 2050. La propia UNICEF estima que el 40% de la población mundial (alrededor de 3,000 millones de personas) viven sin servicios básicos de agua potable y saneamiento.

En México, de acuerdo con la Comisión Nacional del Agua, aproximadamente 10 millones de personas no tienen acceso a agua, y muchos de los que tienen este servicio, desconocen su calidad o no lo reciben de manera continua.

El Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social  estima que sólo el 53.6% de la población tiene acceso diario al agua en su vivienda, mientras que el Inegi estima que por la falta de acceso al agua, 1 de cada 3 personas deben acarrearla a sus hogares, principalmente mujeres y niños.

Por otro lado, el cambio climático tiene efectos cada vez más grandes en los recursos hídricos al afectar de manera directa el ciclo hidrológico. De acuerdo con el Banco Mundial, de estima que para el año 2050 el 90% de las personas vivirán en las ciudades, mismas que son propensas a escenarios de desastres, como terremotos y tsunamis, pero sobre todo a eventos hidrometeorológicos cuya intensidad y duración se han alterado debido al cambio climático que exacerba riesgos como el incremento de lluvias extremas, inundaciones olas de calor, y sequías prolongadas.

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Según el reporte de riesgos 2020 del Foro Económico Mundial, las crisis de agua y los fenómenos climáticos extremos como inundaciones y sequías se ubican en los primeros 5 lugares de los riesgos globales en términos de impacto. Por su ubicación geográfica, nuestro país presenta una alta vulnerabilidad a sufrir los impactos de fenómenos hidrometeorológicos; de acuerdo con datos de la ONU, para 2050 se estima que en 2050 el clima en México será entre 2 y 4 grados más cálido, y entre 2060 y 2090 se predice una reducción e la precipitación de entre 10 y 28%.

El Cenapred calcula que el costo de los desastres provocados en el país por el impacto de fenómenos climáticos extremos fue de 776 millones de dólares y estima que el 86.8% de los daños y pérdidas de 2000 a 2018 son de origen hidrometeorológico, cuya mayor recurrencia genera más afectaciones a los bienes nacionales, como la infraestructura carretera y lamentablemente con la pérdida de vidas humanas.

Es evidente que ya nos encontramos en un escenario complejo en cuanto a la disponibilidad y acceso al agua en distintas regiones del país, así como los retos que presenta el cambio climático en los recursos hídricos.

Ante este escenario es indispensable impulsar una perspectiva de resiliencia para prevenir de mejor manera el riesgo hídrico al que nos estamos enfrentando, así como generar capacidades de adaptación y mitigación a los efectos del cambio climático.

El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático define la resiliencia como la capacidad de un sistema y sus componentes para prever y absorber los efectos de un suceso peligroso, adaptarse a ellos y recuperarse de manera oportuna y eficaz. ¿Cómo hacerlo? Primeramente es indispensable poner esta información al alcance de la ciudadanía y tomadores de decisión de todos los sectores para comprender de manera puntual al gran reto que nos estamos enfrentando, de dónde viene el problema y qué podemos hacer para atenderlo de manera debida.

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Por otro lado, es indispensable mejorar los sistemas de planeación y de prevención y gestión de riesgos, que contemplen de manera adecuada los escenarios de incertidumbre climática derivados del cambio climático, sin olvidar la necesidad de habilitar esquemas de coordinación entre las distintas autoridades y de participación social eficientes.

Todo ello, complementado con políticas públicas y normas adecuadas, que se ajusten y reflejen de manera debida la realidad que estamos viviendo y permitan habilitar una toma de decisiones apropiada tanto a nivel nacional como local.

No debemos olvidar que el agua afecta todos los planos de nuestras vidas y que es un recurso transversal que se refleja de manera importante, en su buen o mal manejo, en la seguridad alimentaria, el desarrollo social y económico, la seguridad energética, así como el combate a la pobreza.

Cuanto más tiempo se pospongan los esfuerzos orientados a promover la seguridad hídrica del país y de adaptación al cambio climático, más difícil y costoso podría ser. Estamos aún a tiempo de implementar las acciones necesarias para responder a estos retos, y tomar las decisiones adecuadas con una visión de largo plazo para el país y sus habitantes.

*Maestro Eduardo Vázquez es Miembro del Comité de Sustentabilidad  del IMJUS, Director Ejecutivo de Agua Capital.

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