Economía

British Airways estudia la venta de su sede en Londres ante el avance del teletrabajo y la necesidad de liquidez

Terminal de British Airways en el aeropuerto JFK de Nueva York.
Terminal de British Airways en el aeropuerto JFK de Nueva York.EDUARDO MUNOZ / REUTERS
 

El avance del teletrabajo va camino de cambiar sectores enteros de la economía, con el mercado inmobiliario de oficinas entre los grandes damnificados. La aerolínea de bandera británica, British Airways, ha reconocido este viernes que estudia la venta de su sede —a un paso del aeropuerto londinense de Heathrow— ante el cambio en las dinámicas laborales: menos tiempo en la oficina, mucho más en remoto. El dinero obtenido por el edificio, cuya construcción en 1998 costó 200 millones de libras esterlinas (234 millones de euros al cambio actual), ofrecería a la aerolínea una importante entrada de tesorería en uno de los momentos más críticos de su historia. La sede de British Airways llevaba años en el alero, dado que la ampliación del mayor aeródromo de la capital británica —hoy postergado— obligaría a su demolición.

“Hemos reestructurado nuestro negocio para superar la crisis y estamos considerando si aún tenemos la necesidad de una sede tan grande”, ha subrayado un portavoz de la compañía en una nota publicada horas después de que el diario Financial Times revelase el posible cambio de planes. La pandemia, subraya el comunicado, ha “acelerado” el viraje de la empresa hacia “formas más ágiles y flexibles de trabajo”. Hay que tener en cuenta, además, que una amplia mayoría de empleados de la aerolínea británica son pilotos, tripulantes de cabina, ingenieros o personal aeroportuario, que no trabajan en oficina. “No está claro que Waterside juegue un papel en nuestro futuro”, había escrito el jefe de personal de la aerolínea, Stuart Kennedy, en un comunicado en el que matizaba que el proceso de venta está aún en una fase inicial.

El complejo de Waterside no solo es el edificio principal de oficinas de British Airways, sino también el lugar en el que trabaja la plana mayor de su matriz IAG (a la que también pertenecen Iberia, Vueling o Aer Lingus, entre otras). Su venta supondría un paso más en la estrategia del grupo de aerolíneas para tratar de sobrevivir al golpe del coronavirus, que ha provocado la mayor crisis de la historia de la industria aérea. La compañía aérea británica, que depende en gran medida de las rutas que conectan las islas con Estados Unidos, perdió 4.460 millones de euros el año pasado, más del triple que Iberia y cinco veces más que Vueling. En conjunto, el grupo aéreo hispano-británico elevó sus números rojos hasta casi 7.000 millones de euros.

Desde el estallido de la covid-19, British Airways ha aplicado un fuerte tijeretazo a todas sus líneas de costes y ha tratado de hacer caja por todas las vías imaginables, incluso vendiendo obras de arte que exhibía en sus salas VIP o artículos que habitualmente entrega a sus clientes de primera clase. Los despidos en el último año superan ya las 10.000 personas y mantienen a gran parte de su plantilla acogida a mecanismos de mantenimiento público de ingresos como ERTE o sus equivalentes en otros países europeos.

El movimiento hacia el teletrabajo total o hacia modalidades más híbridas —parte de la semana en la oficina, otra parte en casa, el patrón que la mayoría de expertos cree que se impondrá en muchas industrias— ha pisado el acelerador desde marzo de 2020. Una amplísima mayoría de trabajadores de las grandes tecnológicas estadounidenses se desempeña desde su hogar desde el inicio de la pandemia. En España, Liberty Seguros ha sido la primera firma en instaurar el teletrabajo permanente para los empleados que así lo deseen —y una mayoría ya ha dado el sí en un sondeo interno—. Y dos bancos británicos, Lloyds y HSBC, ya han dejado caer que recortarán entre un 20% y un 40% su espacio de oficinas.

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