Opinión

Romero Deschamps sigue siendo libre, millonario e influyente

¿Qué significa la renuncia de Carlos Romero Deschamps a Pemex? Son muchos los que piensan que estamos ante un pacto con AMLO para irse a su casa, a cambio de usar el poder que le queda para garantizar la gobernabilidad del sindicato petrolero en medio de la peor crisis en la historia de Pemex. En esa lógica podemos entender que Manuel Limón Hernández, uno de sus subordinados, siga al frente del STPRM y que no haya acción penal en su contra. Estamos hablando de un político multimillonario, que durante cinco sexenios fue más poderoso que el director general de Pemex.

Se le acusa de enriquecimiento ilícito, peculado, crimen organizado y robo de combustible, entre otras cosas. Qué importa que pactar con un personaje de esta ralea sea inmoral. La moral es un árbol que da moras, según dejó asentado Gonzalo N Santos, el cacique potosino de mediados del siglo pasado.

No se crean que Romero Deschamps se va como derrotado. Hasta donde sabemos, sigue teniendo mucha influencia en el sindicato, mantiene una fortuna que suma decenas o cientos de millones de dólares y se manifiesta en gustos más propios de los reality shows tipo Kardashian. Mantiene un departamento en The Bath Club de Miami que valía 5 millones de dólares y una casa en Acapulco con valor de 6.4 millones de dólares, además de un departamento en Cancún, que cuesta más de 20 millones de pesos. A él le gustan los relojes caros y los colecciona. Entre otras cosas tiene un Audemars Piguet que vale más de 7 millones de pesos. A su hijo Juan Carlos le gustan los Ferrari y posee un modelo Enzo Ferrari, una edición limitada, que ronda los 2 millones de dólares en las subastas. A su hija Paulina le gusta pasearse y las bolsas caras. Una sola de ellas, dicen los que saben, cuesta más de 800,000 pesos.

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Cuando digo que no se va como derrotado pienso en su último gesto. Luego de que el presidente anunciara su renuncia como trabajador activo de Pemex, nos enteramos que ayer por la tarde empezó el trámite para obtener su pensión de jubilación. Espera que la empresa que él contribuyó a quebrar le siga pagando los 100,000 pesos al mes que hasta ahora ha ganado (28,636 de sueldo, el resto son prestaciones). No necesita el dinero y no le sirve ni para pagar el mantenimiento mensual de uno de sus departamentos. Hace la solicitud para dejar claro que mantiene intactos sus derechos. Para quienes gusten de interpretar las señales les gustará saber que la solicitud está firmada por el diputado federal Manuel Limón Hernández, su sucesor en el Sindicato. Formalmente es el secretario del interior de Actas y Acuerdos. Va dirigido a Franco Octavio Veites Palavicini Pesquera, subdirector de recursos humanos de Pemex.

¿Qué contestará el otro Octavio, director general de Pemex, a esta solicitud? No es descabellado especular que lo consultará con el presidente López Obrador. Su respuesta será toda una señal y nos indicará en qué plan quiere estar la 4T con este multimillonario líder sindical. Los 100,000 pesos mensuales de Carlos Romero, en un trimestre, permitirían pagar los honorarios de la calificadora que fue “recortada” porque costaba muy cara. Los símbolos cuentan porque estamos hablando de una empresa que ha sido saqueada por una constelación de vampiros, entre proveedores, sindicatos y tecnócratas. Le dejaran a don Carlos chupar otros litros más de petróleo.

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¿Qué pasará con el expediente penal de Romero Deschamps? Se sabe que la Unidad de Inteligencia Financiera tiene una investigación sobre su patrimonio y que hay varias denuncias en contra de este señor en manos de la Fiscalía General de la República. Las denuncias no son nuevas, pero hasta ahora no ha cambiado la situación del líder sindical. Sigue siendo libre, millonario e influyente. No sabemos por cuánto tiempo más ni qué planes tiene AMLO. Lo cierto es que estamos en año electoral y Pemex necesita reinventarse.

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