Opinión

Integrar a más mujeres a la economía beneficia a las mujeres y a la economía

La semana pasada, pese a la contingencia sanitaria del coronavirus, atestiguamos una histórica marcha en favor la equidad y en contra de la violencia de género. Las escenas de la protesta en la Ciudad de México y en distintos puntos del país hicieron visibles dos sentimientos en apariencia contradictorios: de un lado, la indignación y el enojo; del otro, el apoyo y la solidaridad por parte de las mujeres. Parece que, en estos tiempos en los que el tejido social se encuentra tan desgastado, los movimientos feministas han encontrado formas de organización civil efectivas y poderosas.

Sin embargo, no debemos olvidar que, para que se hagan realidad las proclamas y las exigencias feministas, es indispensable que haya una mayor y más equitativa integración por parte de las mujeres a la vida económica y laboral. Sin independencia económica no puede haber libertades efectivas ni gozo pleno de derechos. Esto lo reconocen las distintas corrientes económicas, desde el marxismo más ortodoxo hasta las teorías liberales de Adam Smith o las ideas de la escuela neoliberal encabezada por Milton Friedman y Friedrich Von Hayek.

Al respecto, en México las cosas marchan francamente mal. Hay una enorme brecha salarial del 18% y, además, los hombres tienen una tasa de participación económica 27% mayor a la de las mujeres. Esto obedece, entre otros factores, a que las ocupaciones que históricamente han tenido las mujeres (labores domésticas, sobre todo) no se pagan o se pagan muy mal. Así, ocupadas tanto o más tiempo que los hombres, no reciben un salario.

Lo anterior puede corroborarse en la Encuesta Nacional sobre el Uso del Tiempo (ENUT) 2019 realizada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), según la cual, en el caso del tiempo de las mujeres, 30.9% corresponde al trabajo del mercado laboral, 66.6% al trabajo no remunerado de los hogares y 2.5% a la producción de bienes para uso exclusivo del hogar. En el caso de los hombres, 68.9% forma parte del tiempo dedicado al empelo del mercado laboral, 27.9% del trabajo no remunerado de los hogares y 3.1% de la producción de bienes para uso exclusivo del hogar.

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La disparidad resulta evidente, pues los valores entre hombres y mujeres son prácticamente inversos. Los hombres pasan más del doble de tiempo que las mujeres trabajando y percibiendo un ingreso por ello, mientras que las mujeres realizan trabajo doméstico no remunerado casi en un 60% más que ellos.

Por si fuera poco, las mujeres que trabajan a cambio de un salario se enfrentan a un entorno violento. Según datos de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS), 1 de cada 4 mujeres ha sido víctima de violencia laboral, especialmente de tipo sexual o discriminatorio. Muchas de ellas deciden recurrir mejor a las redes sociales para denunciar, ya que el sistema de justicia nacional ignora las acusaciones o no sigue los protocolos de género pertinentes. Una cosa muy importante y que suele olvidarse es que incluir a las mujeres de una manera más extensiva y equitativa a las actividades productivas no sólo les daría a ellas independencia y les permitiría blindarse contra la violencia, sino que además generaría un enorme crecimiento económico.

Las proyecciones elaboradas por el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) indican que, si en los próximos 10 años nuestro país incorporara a 8.2 millones de mujeres al mercado laboral formal, igualaríamos la media de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y alcanzaríamos un increíble crecimiento de 15% del Producto Interno Bruto (PIB). En síntesis: integrar a más mujeres a la economía beneficia a las mujeres y a la economía. Tenemos que trabajar de manera urgente en esa dirección.

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Uno de los caminos para que las mujeres obtengan trabajos formales es aprovechar nuevos esquemas laborales con enfoque de género. Para TallentiaMX es muy importante enfatizar que la subcontratación responsable ha contribuido en este sentido y puede seguir haciéndolo, ya que brinda capacitación a las mujeres, ofrece concientización y protocolos en materia de género mientras permite utilizar esquemas de horarios y de trabajo a distancia que posibiliten específicamente que las mujeres puedan tener una vida plena.  De hecho, 4 de cada 10 personas que laboran en la subcontratación responsable son mujeres, lo que equivale a 2.6 millones, de las cuales el 33% son madres solteras.

Atendamos el llamado que han hecho las mujeres para acabar con la inequidad y la violencia. No olvidemos que, en el ámbito laboral y de las actividades productivas, también se está librando una batalla cuya victoria redituaría en favor de las mujeres y de la sociedad en su conjunto.

*El autor es director general de TallentiaMX.

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