Opinión

Lo prohibido

A pesar de lo que piensen algunos, yo no soy un animal más, usted tampoco. Yo sé quien soy (más o menos) y reconozco todo lo que me rodea en todos los instantes de mi vida, incluso cuando medio atolondrada me acabo de despertar. Tengo conciencia de mi tiempo, espacio y situación.

Sin embargo, pocas cosas tan dificiles de entender y tan misteriosas como la conciencia. A lo más que se ha llegado en este tortuoso camino de entendernos a nosotros mismos es a decir que el cerebro tiene un subproducto llamado mente y que en esta entelequia inasible radica la conciencia.

Millones de años de evolución y extrañísimas y peculiares coincidencias fueron dando como resultado que sepamos lo que somos y podamos estudiarnos y tratar de explicarnos a nosotros mismos a sabiendas de lo que hacemos. La tarea es formidable ya que esa mente y esa conciencia son invisibles (como Dios), o sea, supuestamente existen, pero nunca las hemos visto.

Pero, caray, hay momentos en que nos molesta tanto la conciencia que hemos creados lugares dedicados al apagón neuronal aprobados por todos (lease bares y antros) y que se promueven socialmente: tomate una copita, sí, sí, nada más una, etc. vamos a tomarnos un trago… y eso se supone que está muy bien. A mi, en lo personal, me parece que un adulto tiene todo el derecho de hacer lo que le dé la gana con su conciencia siempre y cuando no ponga en peligro a otros.

Para que nos vayamos entendiendo, desde siempre, desde los ritos de Eleusis hasta el churro que te fumas en tu casa, los humanos tratamos una y otra vez escaparnos de la realidad y del sentido trágico de la vida como diría Unamuno.

Por asombroso que nos parezca, en la historia de la humanidad, en ninguna época, ni bajo el gobierno de ningún rey o mandatario de algún país o época, nada ni nadie han logrado acabar con el consumo de las sustancias que alteran nuestras mentes. Los condenados a muerte de la tierra siempre intentamos una y otra vez escapar.

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Por eso, me parece que han fracasado estrepitosamente mandatarios y gobiernos al empecinarse en acabar con el consumo de drogas y han fallado por ello en abatir el enorme número de asesinatos y delitos que tristemente se dan en nuestro país cada vez más con motivo del narcotráfico.

¿Acaso no es esta política prohibitiva un fracaso en toda línea?

 Miles y miles de muertes son producto de la perniciosa propuesta restrictiva sin que importen sus consecuencias y el resultado final es, no lo neguemos, un país ensangrentado.

Desde mi punto de vista el principal objetivo de la lucha contra el narcotráfico debería ser reducir y especialmente prevenir la demanda de drogas en niños y jóvenes y los problemas de salud psicosociales y de seguridad pública que ocasionan estas sustancias. Nada de esto se ha logrado al prohibir.

Los cambios aprobados recientemente en la Cámara de Diputados parcialmente representan un avance en cuanto al consumo y uso del cannabis, pero aún falta mucho camino por andar para igualarnos al gran cambio de estrategia que se está dando en otros paises del mundo en cuanto al uso lúdico de la mariguana.

Entre lo rescatable de estos cambios está el aumento en el gramaje que un adulto puede portar, esos 28 gramos son mejores que los 5 de antes. Autorizar que en casa se puedan tener 6 plantitas, si…es un modesto logro. Pero…

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En cuanto al cultivo y comercialización de esta planta se avanzó muy poco. Muchas comunidades indigenas, rurales y desprotegidas, se hubieran beneficiado enormemente si se permitira abiertamente el cultivo de esta droga y existieran empresas que tuvieran que simplemente pagar impuestos, como en cualquier otra empresa agrícola, distribuidora o comercializadora.

El que CONADIC sea el órgano rector del consumo y de la cadena productiva de la mariguana (que queda a su criterio) tampoco es una buena noticia, en esta institución ni tienen experiencia, ni recursos ni están a favor de estos cambios.

Desde hace muchos años me he pronunciado publicamente por la despenalización del consumo de drogas. Los primeros que están en contra de la legalización de las drogas son precisamente los narcotraficantes, pues son ellos quienes obtienen enormes ganancias económicas mediante el tráfico ilegal de estas sustancias. Combatámoslos.

En fin, si un adulto quiere o no quiere fumarse un porro, es un asunto estrictamente personal y el Estado no tiene por qué volverse el tutor o la nana de personas mayores que toman la decisión de consumir tal o cual producto. Cada quien que tome su decisión, igualito que con el alcohol cuyo consumo a nadie escandaliza.

Espero que, con estos cambios, comencemos a darnos cuenta de que prohibir no resuelve nada y que tenia razón Roberto Cantoral cuando nos decía: “Soy esa fiebre de tu ser que te domina sin querer, soy lo prohibido”. ¡Nada se antoja más!

Twitter: @TereValeMX



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