Opinión

De ilusiones y delfines

La 4T naufraga y el presidente piensa en el retiro y en un delfín (no, no es Flipper).

El partido MORENA no existe. Es una ilusión óptica nacida de la mente y el deseo del presidente López. No hay que abundar mucho en la idea de que es un montaje en el que participan actores diversos, con ideas e intereses diferentes y encontrados, unidos alrededor de la figura de AMLO. El problema radica en que el gobierno de la 4T también se está desvaneciendo, como en esas fotos de las paradojas temporales de las películas en que volver al pasado significa condenar el presente de todes nosotres, el aquí y ahora.

A medida que el presidente trata de aterrizar su sueño de regresar a un México más justo e igualitario (que, por cierto, nunca fue como la narrativa oficial lo describe), más se está equivocando. La economía anda mal y no parece posible enderezarla en lo que queda del sexenio. No, al menos, con tasas de crecimiento importantes (mayores del 3% anual considerando como base el año 2018). Los programas sociales están sirviendo de amortiguador para que la crisis económica no castigue de más a los sectores más pobres, pero, por un lado, es altamente posible que este amortiguamiento no sea suficiente para que no sean los sectores más golpeados, como siempre.

Por otro lado, el castigo a las frágiles clases medias ha sido mayúsculo, no solo por efectos de la mencionada crisis económica sino también por las políticas de adelgazamiento y austeridad del gobierno y por la ausencia de programas de apoyo para esto sectores. Con los poseedores de capital la relación ha sido de amor odio; un día los elogia y busca, al otro los hace participes de complots y los llena de adjetivos despectivos.

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En materia de seguridad el fracaso también es evidente. Los crímenes no cesan y todo hace suponer que el 2020 sirvió para que los grupos criminales se consolidaran y expandieran. En este momento, no parece haber capacidad de las fuerzas policiacas y militares para hacerles frente. Respecto a la violencia de género la situación es grave y solo hay discursos preocupados, parte de la retórica habitual de los gobiernos. 

Hay más, por supuesto, su política energética está condenada al fracaso, sus proyectos de obra pública no parecen estar resultando como los pensó. El campo mexicano sigue igual que siempre, pero ahora es el gobierno el que estimula que la selva y el bosque se desmonten por medio de Sembrando Vida. El sistema de salud vive colapsado y ahora se parece al de Dinamarca… en la época de los vikingos.

Si lo que se calificara fueran las intenciones probablemente el presidente conseguiría un sobresaliente, pero en la política se califican los resultados y estos han estado muy por debajo de lo necesario. Se podrá argumentar que no es culpa del presidente o que sí lo es, pero esto es irrelevante para el presente. Estamos peor que en 2018 en todos los órdenes.

¿Se da cuenta el presidente de que su “legado” está yéndose por el caño? (Y nosotros con él) No lo sé, pero se dé cuenta o no, sabe que no cumplirá sus metas y deseos, no al menos en lo que le resta al sexenio. Con los fracasos la tentación de la reelección aumenta. Él no confía en nadie, por eso centraliza el poder y las decisiones.

Sin embargo, en la mañanera del 11 de marzo pasado, el mandatario sacó un tema que no venía al caso (por lo demás algo típico en él). Aseguró que el relevo generacional estaba listo y que él se retiraría a su rancho y escribiría un libro sobre un tema del que sabe mucho porque es uno de ellos: los conservadores. Afirmó que se retiraría de la política. Más allá de lo dudoso de su retiro, la pregunta es: ¿en quién está pensando?, ¿fue una frase soltada al aire o ya tiene una idea de quien será u sucesor?

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El relevo generacional tiene que ser alguien en quien él confié para que su intento de hacer a un México más justo y feliz (calificativo del presidente) pueda llevarse a cabo. Él ya no lo logró en el tiempo que le queda.  De los tres morenistas más mencionados para sucederlo hay que decir que la más joven es Claudia Sheinbaum con 58 años. Monreal y Ebrard tienen 60. En estricto sentido, ninguno de ellos cumple con la idea de ser parte de un relevo generacional del presidente que ahora tiene 67 años. ¿En quién está pensando?, ¿acaso en un personaje como Hugo López Gatell, que tiene 52?

AMLO no es diferente al resto de los presidentes mexicanos. Todos creen tener un “legado” y creen que deben escoger un sucesor que lo continúe. La realidad es que, como todos los mandatarios, debía estar pensando en alguien que lo proteja porque su legado no es más que discursos (malos) y buenas intenciones.

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