Opinión

La operación de Zebadúa

Formados en la UNAM, aunque en diferentes trincheras, Ramón Sosamontes y Rosario Robles coincidieron en ese crisol de facciones izquierdistas que fue el PRD. La ola cardenista de 1994 los llevó a San Lázaro.

Entonces comenzaron una década de colaboración en la que transitaron por la directiva del sol azteca y el GDF. En el Palacio del Ayuntamiento conocieron a Lourdes González Jameson pero fue en la vieja sede de Monterrey 50 donde Robles y Sosamontes enfilaron a un sendero sin retorno. El guerrerense, cuando fue jefe delegacional, había construido una sólida amistad con el empresario argentino Carlos Ahumada, quien se convirtió en una presencia constante entre la cúpula partidista, cuando la exjefa de gobierno tomó las riendas del PRD, en el 2001.

Emilio Zebadúa —hijo de González Jameson— había llegado al consejo general del IFE en 1996, sin que el PRD objetara ese nombramiento no obstante su cercanía al expresidente Carlos Salinas de Gortari, por intercesión de Ana Paula Gerard, exjefa de la asesoría economica en Los Pinos, quien fue compañera en el ITAM.

Cuando Robles estuvo al frente del partido del sol azteca, José Ramón Zebadúa González fue su oficial mayor y Sosamontes, secretario de Relaciones Políticas y Alianzas. Los tres dejaron sus cargos —por renuncia— en el otoño del 2003. Cinco meses antes, Emilio había dejado la Secretaría del gobierno de Chiapas.

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Una década después, los caminos de Sosamontes y Zebadúa confluirían en Sedesol. El primero era el jefe de la oficina de la secretaria y el segundo, su oficial mayor.

A la cercanía de Ramón con Rosario —cuya amistad no admite fisuras—, Emilio opuso sus nexos con sus excondiscípulos itamitas —Enrique de la Madrid, Virgilio Andrade y Luis Videgaray, por supuesto— pero sobre todo el aval salinista.

En el gabinete peñista, Robles se plegó al grupo que tenía al secretario Miguel Ángel Osorio Chong como proyecto para el 2024. Y Sosamontes operó en consecuencia, con una estructura que pasó por Sedesol y Sedatu. La Estafa Maestra, mientras que Zebadúa armó la trama financiera que después se denominó La Estafa Maestra, que pudo funcionar con la participación de la contadora Claudia Gabriela Morones Sánchez y Lizette Prado Ordoñez, dueña de la firma Lizpog y hermana del director de adquisiciones y contratos de ambas secretarías.

Enrique Prado Ordoñez y los directores de Recursos Materiales, Humberto René Islas, y recursos humanos, Sonia Angélica Zaragoza, estaban subordinados a Zebadúa González.

Entre salinistas te veas. La Cuarta Transformación ni olvida ni perdona las acciones de Robles desde su expulsión de las filas perredistas. Ahora, en la investigación de la Estafa Maestra, un juez federal ha prohibido a la FGR solicitar órdenes de aprehensión contra los colaboradores de Zebadúa. Luego de tres años de indagatorias, nunca pudo imputarlos. Y es que Zebadúa se acogió al criterio de oportunidad. Robles no accedió a ser testigo colaborador de la FGR.

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Efectos secundarios

DESLINDES. Al descubierto quedó el nexo del Sindicato Libertad con políticos de distintas formaciones partidistas. Guillermo Fragoso Báez, quien era sexto regidor en Ecatepec, recién dejó ese espacio para competir por una diputación local al amparo del PRD, mientras que el pesista Roberto Candia buscaría la alcaldía de Cuajimalpa, de la mano de Morena. Ambos cuentan con el respaldo del líder de esa organización gremial, Hugo Bello, quien fue encarcelado como presunto responsable del secuestro exprés de tres trabajadores de CEMEX. Ambos ejemplos también ilustran los métodos de esa organización para cobrar por su respaldo: el alcalde ecatepense, Fernando Vilchis, les entregó la dirección de la policía municipal, mientras que Adrián Ruvalcaba fue declarado enemigo.

@aguirre_alberto

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