Opinión

La Cultura de la Paz, Las Mujeres y el Tejido Social

Pies para que los quiero si tengo alas para volar.

Frida Kahlo

El 8 de marzo es la fecha establecida por la ONU como el Día Internacional de los Derechos de las Mujeres y su propósito es el crear conciencia de que aún no hemos resuelto que las mujeres tengan el respeto, las oportunidades y la seguridad para vivir y desarrollarse.

Hemos sido incapaces de detener la discriminación, el acoso y la violencia contra las mujeres. No hemos permitido ni propiciado que ocupen el sitio que les corresponde en la sociedad y en los tejidos sociales.

En México este lastre que crece, no es reciente. Sin embargo, la desatención del actual gobierno a las mujeres es lamentable. Sólo el año pasado fueron víctimas de feminicidio 10 mujeres cada día y para este año fueron recortados, con la anuencia del Poder Legislativo, por lo menos once programas relacionados con el cuidado, la atención y la defensa de las mujeres, además de que el Presidente parece verlas ni oirlas.

Una muestra ofensiva fue la instalación de vallas alrededor del Palacio Nacional -transformado hoy en domicilio particular-, y de otros monumentos históricos, con el propósito de obstaculizar la libre expresión y protestas legítimas de las mujeres y como reiteración del desprecio, mala fe y arrogancia de su inquilino, quien culpa a “los conservadores” del justo movimiento de las mujeres. Obviamente no contaron con la creatividad, inteligencia, fuerza y solidaridad de las mujeres que transformaron ese muro, en honor a la misoginia, en un altar para recordar a las víctimas de feminicidios y violencia, y a las paredes de Palacio en pantalla para proyectar frases de denuncia por tan grave situación.

Esa provocación obligó a las mujeres a tomar las calles.

Con esa acción del gobierno, se hizo alarde de la ignorancia respecto de que no ha existido en la historia de la humanidad muralla, muro o barrera que haya podido frenar la lucha por la libertad, por la equidad, por la democracia o el intercambio de ideas.

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La situación patriarcal que implica desigualdad en lo social, económico, político y simbólico en perjuicio de las mujeres puede ser superada, principalmente, con educación.

En anteriores entregas hemos abordado temas relacionados con los cuatro pilares sobre los que debe sustentarse la educación del siglo XXI, uno muy importante es el que se refiere a aprender a vivir juntos.

Vivir juntos sólo puede aprenderse socializando, de tal suerte que se impulse y cultive la inteligencia social para relacionarnos de manera exitosa con los demás. Esa tarea conferida a las instituciones básicas responsables de la socialización que son la familia, la escuela y la comunidad, tristemente no ha prosperado. No hemos logrado propiciar el desarrollo integral de cada persona ni la armonía de las relaciones de unos con otros que se traducen, entre otras fallas, en la disparidad en el trato a las mujeres, debido a la cultura machista que nos caracteriza. No hemos aprendido a tenernos un trato de respeto mutuo entre hombres y mujeres Siguen siendo objeto de menosprecio, de desprecio, de discriminación, de explotación, de utilización, de maltrato, de violencia y de feminicidios.

Parece olvidarse que la civilización, los países, las comunidades, las familias son impensables sin las mujeres.

La violencia, la discriminación, la desigualdad y la desconsideración contra las mujeres contribuyen en el peligroso deterioro de nuestro tejido social.

La ausencia de diálogo, de solidaridad, de comprensión y de respeto son alarmantes. Es hora de unirnos para superar la situación patriarcal, que ya mencionamos, para propiciar la igualdad de género, el pleno respeto a la dignidad de las mujeres y el cese inmediato a la violencia en cualquiera de sus expresiones que las afecta.

Atendamos todos de manera urgente, preferente, responsable, integral y con un responsable y verdadero respaldo del sector público, esa delicada situación.

Una de las múltiples realidades que afectan a la mujer es la violencia intrafamiliar o doméstica que se presenta en el terreno de la convivencia familiar. Los casos de violencia doméstica han aumentado, principalmente en perjuicio de mujeres, que en ocasiones deben ser rescatadas para evitar lesiones y aún la muerte.

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En este escenario, el de la convivencia familiar, es importante recordar que la mediación puede ejercer sus efectos positivos que contribuyan a la formación de personas comprometidas con la concordia como modo de vida.

Esos efectos positivos son difícilmente alcanzables si no hay diálogo, pues la comunicación es la vía para el establecimiento de relaciones de apoyo y confianza, por eso insistimos al Gobierno de la República que atienda el objetivo de emprender la construcción de la paz y la promoción de la cultura de la paz, como lo establece su Plan Nacional de Desarrollo 2019-2024, pues sería altamente conveniente que los valores, actitudes y comportamientos que la caracterizan, los hiciera suyos y practicara el Presidente López Obrador y su gobierno, sobre todo en la atención a las mujeres.

La cultura de la paz requiere de un mayor y duradero contagio positivo.

La violencia ocurrida ayer en contra de mujeres policías y los actos vandálicos no son la solución, como tampoco es la colocación de vallas por el gobierno que lo único que revelan es que para muchos es mejor callar que dialogar; ignorar en vez de atender; omitir en vez de actuar, y carecer de ideas y aún de ideología y, peor aún, creer que lo otro no existe.

Se trata de comprender que el bienestar implica que todas y todos estemos mejor, no que todas y todos estemos peor.

*El autor es abogado y mediador profesional.

Twitter: @Phmergoldd



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