Opinión

Hay que leer bien el nuevo pronóstico del Banco de México

En el mundo de los “otros datos” hay espacio suficiente para las mejoras en los pronósticos económicos.

Eso fue lo que le sucedió ayer al Banco de México, que durante la presentación del informe trimestral octubre-diciembre del 2020 dio a conocer una mejora en sus estimaciones del comportamiento del Producto Interno Bruto (PIB), tanto de este año como del próximo.

Sólo que los entusiastas de la 4T se encargaron de ensalzar el dato aislado de su escenario central para este año, con una estimación promedio de crecimiento de 4.8%, con un doble subrayado al valor más optimista del pronóstico, que apunta a un rebote de hasta 6.7% del PIB en este 2021. 

Es una gran noticia que tanto el banco central, como muchos otros expertos revisen al alza sus estimaciones de recuperación económica para México en este año.

Para el gobierno de Andrés Manuel López Obrador es música para sus oídos en año electoral. Sin importar que los motores que puedan propiciar ese aumento sean totalmente ajenos a cualquier política pública implementada.

Muchos medios, incluso algunos que se dicen especializados, prefirieron agradar al poder con el dato aislado de la mejora en el pronóstico del Banxico y olvidaron resaltar el análisis puntal que hace el banco central de aquellos factores que pueden implicar que la economía mexicana no logre despegar, porque muchos de ellos son internos y relacionados con políticas públicas.

Hay que poner mucha atención a lo que el Banco de México, y en especial su gobernador, Alejandro Díaz de León, apuntan como factores que pueden frenar la recuperación económica.

Son seis factores, de los cuales cuatro tienen relación directa con las políticas gubernamentales. Si bajan las calificaciones crediticias de la deuda soberana mexicana y de Pemex, se frenaría la recuperación. En ello llevaría gran responsabilidad el manejo público de las finanzas nacionales y de la petrolera.

Otro factor de riesgo es mantener un entorno de incertidumbre que afecte las inversiones. Ciertamente el capricho unipersonal de la contrarreforma eléctrica no abona a la confianza.

Si la bancada legislativa obediente de la 4T acaba por mayoritear los cambios al outsourcing, como lo hizo con el tema eléctrico, sin consensuar con el sector privado, habría otro factor para frenar la recuperación.

Si se mantienen, como hasta hoy, los retrasos en el proceso de vacunación y ello implica mantener el distanciamiento social, no hay manera de aspirar a una dinámica mayor de crecimiento.

Además, en lo externo, un entorno de volatilidad en los mercados y alguna sorpresa adicional que pudiera traer la pandemia, son factores que frenarían esa recuperación.

Del otro lado, lo que puede impulsar un crecimiento más acelerado es que el gobierno gaste más para tener contentos a los electores, algo pragmático, pero no tan bueno. Además de factores externos como mayor demanda global que aumente las exportaciones, inversiones derivadas del T-MEC o que en el mundo se controle la pandemia.

Hay razones para tener escenarios más optimistas a estas alturas del año, pero también hay argumentos suficientes para preocuparse por el desempeño económico del país. Hay que tener muy claros todos los escenarios y no sólo pintar un mundo color de rosa, o de guinda, que alague al gobierno.

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