Opinión

El negocio cuestionable de las reparadoras de crédito (I)

En México hay varias reparadoras de crédito que se han posicionado como “la gran alternativa” para ayudar a las personas a salir de deudas. Usan técnicas de venta muy agresivas, incluyendo el envío de correos masivos, no deseados, para tratar de enganchar a la gente.

La manera de hacerlo es con una gran cantidad de verdades a medias, como por ejemplo “negociamos descuentos de más de 70% sobre tu deuda” y además “te ayudamos a sanear tu Buró”. Hay algunas que incluso prometen “desviar las llamadas de los cobradores”. 

Sin embargo, si uno lee cuidadosamente el contrato, en realidad no se comprometen a nada (pero el cliente sí se obliga a cubrir sus honorarios —que pueden ser cuantiosos— con una gran penalización en caso de querer cancelar anticipadamente el programa). 

Me parece un negocio cuestionable porque se aprovechan de personas en situación vulnerable (los que de plano ya no pueden pagar) y les cobran cantidades excesivas para ayudarlos. Pero además, en muchos casos toman clientes que no deberían: aquellos que están al corriente y todavía pueden cumplir sus obligaciones. El programa implica suspender todos los pagos a instituciones financieras, lo cual afecta al historial y genera otros problemas. 

La gente que realmente necesita un programa como el que ofrecen las reparadoras de crédito, puede obtener los mismos resultados por su cuenta. 

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¿Cómo funcionan las reparadoras de crédito?

Muy sencillo. Piden al cliente dejar de pagar todas sus deudas y en lugar de ello, aportar una cantidad (cuota) que les sea cómoda según su presupuesto, al programa, en una cuenta especial que ellos abren y controlan. 

Esta cuenta suele no estar en un banco, sino en otra institución, por lo general una SOFIPO (cada reparadora tiene sus convenios o incluso, sus propias empresas hermanas). 

Entonces, el cliente ahorra ahí cada mes y la reparadora se cobra, automáticamente, su honorario mensual.  Cuando aparecen los cobradores, simplemente ofrecen la cantidad que uno tiene ahorrada (menos su comisión por “éxito”) como pago total de la deuda. Si aceptan, liquidan. De lo contrario, no se paga nada y el ahorro crece, hasta que se logre una cantidad aceptable para los cobradores. Así de sencillo. No es que tengan una “fórmula mágica” o “relaciones de alto nivel con los bancos” o que logren algo especial. 

El cliente podría hacer eso mismo por su cuenta y evitar pagar cuantiosos honorarios. 

Los bancos no negocian las deudas. Cuando una persona deja de pagar más de 90 días, los bancos tienen que registrar la pérdida en su balance (esto es por ley). 

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Aunque cada institución tiene prácticas muy diferentes, buscan entonces tratar de recuperar lo que puedan. Algunas contratan empresas externas de cobranza para hacer este trabajo y empiezan a hacer llamadas incesantes tanto al acreditado como a sus referencias, para cobrar lo más que puedan. 

A medida que pasa el tiempo, son menos exigentes y empiezan a ofrecer convenios de pago con descuento (si uno liquida de contado). Si pasa cierto tiempo y la deuda se considera “irrecuperable” el banco termina por subastarla, con un gran descuento (muchas veces más de 90%), a empresas que se dedican a comprar deuda y tratar de cobrar más de lo que pagaron por ella. Así el banco recupera lo que puede. 

Estas empresas buscan a los acreditados de distinta forma: algunas amenazan o intimidan, otras simplemente hacen llamadas y ofrecen “convenios” de finiquito que suelen implicar un descuento. En ese momento es cuando se puede negociar, uno puede ofrecer simplemente lo que puede pagar y dependerá de estas agencias si les conviene aceptarlo o no.

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