Economía

La llegada de turistas extranjeros inicia el año con un desplome del 89,5%

Dos pasajeros pasan un control de la Guardia Civil en el aeropuerto de Ibiza, el 23 de enero.
Dos pasajeros pasan un control de la Guardia Civil en el aeropuerto de Ibiza, el 23 de enero.Sergio G. Cañizares / EFE
 

El año 2020 pasó a la historia del turismo español como el peor ejercicio de siempre, con una caída de la industria sin precedentes. Y 2021 no ha empezado con mejor pie, según los datos publicados este martes por el Instituto Nacional de Estadística (INE). En enero visitaron el país 434.362 viajeros extranjeros, un 89,5% menos que un año antes (todavía sin el zarpazo del coronavirus), cuando España recibió a 4,1 millones de personas. Por la parte del gasto, el hundimiento registrado es de intensidad similar: los turistas gastaron casi 452 millones de euros, un 90,5% menos que en enero del año pasado. Ambos guarismos acumulan 11 meses de caídas interanuales, todas por encima del 60%.

Por bajos que sean estos datos, lo que resulta más llamativo es que hubiera viajes de ocio a España en enero, un mes en el que la mayoría de comunidades autónomas estaban cerradas perimetralmente. Parece tener poco sentido que coincidieran en el tiempo las prohibiciones a los viajes entre regiones y la llegada por ocio de turistas residentes en otros países. Esta contradicción se produce porque el Gobierno central dejó el decreto de las restricciones a las comunidades autónomas, pero estas no tienen la capacidad de negar la entrada al país a un viajero europeo. En ese caso, tendría que ser España la que notificase el cierre de fronteras, un extremo que no se ha producido a excepción de la restricción de los viajes no imprescindibles desde Reino Unido, vigente desde el 21 de diciembre, y de terceros países de fuera de la UE. La situación no ha sido más grosera porque en el resto de Europa el auge de las limitaciones a la movilidad ha sido muy fuerte, lo que ha limitado los viajes de ocio.

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El resultado de todo ello es un inicio de 2021 bastante errático para el sector turístico, que sigue sin levantar cabeza. La industria confía su futuro en el proceso de vacunación y suspira para que se llegue a verano con buena parte de la población inmunizada. Las patronales insisten en que necesitan ayudas directas para aguantar el chaparrón y sobrevivir hasta la temporada estival. Será entonces, entre junio y septiembre, cuando el tejido productivo se juegue su futuro, ya que un segundo verano bajo mínimos resultará difícil de soportar para el sector. E incluso para la economía en su conjunto, dada la capacidad de arrastre de un sector que generaba más del 12% del PIB en 2019.

Por comunidades, enero ha supuesto un mayor varapalo para Canarias, inmersa en los meses de invierno en su temporada alta. Intentaron mantener el sector abierto, con fuertes medidas de seguridad, pero el auge de las restricciones por toda Europa en la parte final del año y tras la Navidad impidieron que hubiese algo de actividad. Su caída ha sido del 92%, por encima de la media nacional, y solo superada en pérdida porcentual por la Comunidad de Madrid (-92,5%).

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Por países de origen de los viajeros, como desde el inicio de la pandemia, Francia se mantiene como líder. En parte, gracias a su posibilidad de desplazarse a España por carretera en vehículo privado. Ese factor le permite adelantar a los residentes en Reino Unido y Alemania, que dependen de los viajes en avión. Desde Francia llegaron en enero 117.625 turistas, un 75,5% menos, siendo el caladero que mejor ha soportado el embate junto con Portugal (-78%).

Menos viajes y menos gasto diario

En los casos del Reino Unido y Alemania, el descalabro de enero ha sido sonoro. Por parte de los británicos, merced a las restricciones de vuelos para contener la expansión de la variante británica, las llegadas se hundieron casi un 97% (23.217 visitantes), mientras que entre los residentes en Alemania el desplome anotado se queda cerca del 90% (51.098 viajeros).

El desembolso de los turistas extranjeros se desplomó algo por encima de la intensidad de las llegadas: la caída fue del 90,5%. Esto se debe a que, además de que haya menos viajes, también gastaron menos por viajero y día. En concreto, un 26,7% menos: 106 euros frente a los 144 euros de enero de 2020.

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