Opinión

Educación financiera para tus hijos (II)

Hoy quiero empezar esta columna resaltando el mensaje más importante: los niños aprenden del ejemplo de sus padres y de la congruencia entre lo que les decimos, y lo que hacemos. Podemos decirles que las deudas son malas, pero si nosotros vivimos todo el tiempo endeudados, ellos verán que es “normal” vivir así y lo más probable es que repitan los errores de los padres.

Por ello, si queremos darles una cierta educación financiera, tenemos que trabajar en la propia. Si nuestra salud financiera no es buena, tenemos que mejorarla. Esa es una gran oportunidad de enseñarles (si tienen la edad suficiente): que se den cuenta de lo mucho que nos costó salir del paso y lo maravilloso que es vivir mirando hacia delante, construyendo para nuestro futuro, en lugar de vivir con un estrés constante y con nuestro dinero comprometido en pagar lo que compramos el año pasado. Es un mensaje que les podemos ir reforzando toda la vida, contando historias de cómo logramos darle la vuelta a nuestra propia situación. 

Ahora bien, también es importante introducir ciertos conceptos de acuerdo con su edad. En la primera parte hablamos de dos: la importancia del ahorro y el valor del trabajo. Sigamos entonces:

   3. Las deudas pueden ser o no una opción. A medida que crecen y se han acostumbrado a ahorrar para comprar ciertas cosas que quieren, los niños empezarán a sentir la tentación de pedir dinero prestado. Por ejemplo: llevan seis meses ahorrando para unos patines y les faltan otros tres, pero los quieren ahora porque sus demás amigos los tienen y quieren jugar con ellos. Muy entendible.

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Esto se puede manejar de dos maneras, la primera es simplemente decirles que en esta casa la gente no se endeuda y no darles la opción. A cambio, podemos asignarles otros trabajos adicionales para que puedan ganar dinero extra y poderse comprar esos patines mucho más rápido. Me parece que esto les refuerza el valor del trabajo y el que no volteen a ver al crédito al consumo como una opción. 

Hay personas que difieren. Puntos de vista distintos enriquecen y por eso también doy la otra alternativa: prestarles con un interés. En otras palabras, decirles: “te adelanto el dinero, a cambio de que hagas tus trabajos en casa sin pago los próximos cuatro meses”. Les faltan tres meses, pero tienen que trabajar cuatro para pagar su “deuda”. El mes adicional son los “intereses” del crédito. Obviamente si no hacen sus trabajos completos, el tiempo se podrá extender, con base en su cumplimiento. 

No me encanta porque les estamos dando la opción y podrían acostumbrarse a usar esa “solución”, entonces puede ser contraproducente. 

4. Enseñarles a invertir. Cuando los niños empiezan a crecer (por ejemplo, en primaria) podemos inculcarles que de cada 10 pesos que ganan, uno es para su futuro y no se lo pueden gastar hasta que sean grandes. Ese dinero puede ir primero a la alcancía (para reforzar la “acción” de ahí caiga ese dinero) para luego abrir una cuenta en una casa de bolsa en línea (hoy hay forma de hacerlo con sólo 100 pesos) para involucrarlos en el mundo de las inversiones.

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Una gran estrategia es que de cada peso que ellos metan, el papá pondrá otro. Igualará sus contribuciones. De esa manera, su ahorro se duplica de manera instantánea: si ellos ponen 100 pesos, el papá pone otros 100. Pero con la condición de que ese dinero será para cuando ellos sean grandes, para construir un patrimonio de muy largo plazo. 

Ese dinero se va depositando en la casa de bolsa y con eso se pueden comprar acciones de empresas con las que los jóvenes estén familiarizados, con productos que usan. Por ejemplo: Disney, Google, Amazon o Apple. Que sean parte del éxito (o fracaso) de esas empresas. Eso lo hace tangible. Cuando tengan edad, se podrán involucrar en leer noticias y resultados trimestrales de las empresas de las cuales ellos son parte, acostumbrarse a los ciclos de alzas y bajas de los mercados financieros, etc.

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