Opinión

La Cultura de la Paz, Deterioro del Tejido Social IV

Un pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia destrucción.

Simón Bolívar

De los cuatro pilares sobre los que debe sustentarse la educación del siglo XXI el conocido como “aprender a hacer” es de lo más importante ya que se implica la educación de niños y jóvenes y su formación y capacitación para contar con técnicos y profesionales. El capital humano es la mayor riqueza de los países para desarrollarse.

“Aprender a hacer” es fundamental para la realización de cualquier actividad. Para todo oficio, deporte, profesión y especialidad se requiere formación. Hay quienes se preparan de manera autodidacta a base de acierto y error, echando a perder; pero lo recomendable es una educación básica, técnica y universitaria formal y de calidad. Una vez aprendido el oficio, el deporte, la profesión o cualquier actividad, la práctica resulta indispensable para dominarlo. No es casual la máxima popular “la práctica hace al maestro”.

Sin embargo, el dominio de cualquier actividad no es suficiente, debemos tener claro cuál es el objetivo, la finalidad o el propósito de su ejercicio y del quehacer que individualmente nos corresponda.

No es aceptable, parafraseando a Simón Bolívar, que la ambición, la intriga y la inexperiencia de hombres y mujeres prácticamente ajenos de todo conocimiento político, técnico, científico, social, económico o civil ocupen los cargos de mayor responsabilidad en la administración pública ni en los órganos autónomos. La designación de personas carentes de formación y experiencia, salvo honrosas excepciones, se ha vuelto una constante con el argumento presidencial de preferir un 90% de lealtad y un 10% de capacidad e inteligencia. Todo ello traducido en una gestión deficiente, cuyos resultados contribuyen al deterioro del bienestar y del tejido social.

Restaurar el tejido social y evitar el avance en su deterioro, es tarea de todos, para ello debemos reconocer las circunstancias y comprender lo que hacemos cada uno para ello y, sobre todo, qué es lo que queremos.

Urge encontrar las vías para recuperar la cordialidad y evitar más heridas a la sociedad tales como las que causan la violencia contra las mujeres, el crecimiento de la pobreza extrema, la escasez de medicamentos y vacunas, el cierre de fuentes de empleo, el ocultamiento de información y la legislación a modo, por citar algunos.

Aprovechemos la justicia transicional que es una vía para solucionar, en la autocomposición y con diálogo, los conflictos para superar la condición de confrontación que nos aqueja de manera creciente.

Se sabe que Justicia es una connotación más amplia que el concepto Derecho, no se trata de sinónimos. El derecho, como resultado de la acción legislativa, es una expresión de intereses del poder. Ahora más que nunca somos testigos de esa realidad.

En los últimos dos años se ha modificado la Constitución como si fuera un juego en atención a estados de ánimo y a ocurrencias que ponen en riesgo y lastiman a la sociedad y al tejido social.

La lealtad ciega de legisladores del partido del Presidente, salvo pocas excepciones, ha degradado el proceso legislativo a un simple trámite para aprobar por consigna, sin realizar el menor análisis ni escuchar a quienes dominan el tema a regular, nuevas y cuestionables disposiciones legales.

Las decisiones gubernamentales deben ser expresamente fundadas y motivadas con argumentos que permitan su comprensión. Sin comprensión y sólo imposición se cae en el autoritarismo, en acciones desvinculadas e incongruentes que parecen no buscar un fin racional. Con la rigidez mental con la que se actúa se está arrasando con el futuro y la viabilidad.

En vez de mejorar y dirigir al país hacia un desarrollo sustentable, vemos un consentimiento incondicional a todo, sin evitar la destrucción, el daño, el desmantelamiento, la cancelación de instituciones construidas a lo largo de la evolución nacional de más de un siglo.

El rumbo puede estar equivocado y ser incorrecto. Es urgente evitar que se dejen las cosas en peor estado del que tenían.

No parece sensato generar escasez de bienes básicos ni de servicios indispensables y más bien un capricho que nos exige sacrificios inútiles y acciones de emergencia mal planeadas y siempre coyunturales. Eso no es una hazaña, es un engaño nocivo. Se abren más frentes de polarización que deterioran el tejido social.

Un gobierno propenso a la opacidad y a la mentira contribuye en gran medida al deterioro del tejido social. Detengamos el tránsito al abismo y recuperemos la ruta del desarrollo. Para ello, resulta indispensable entender cómo funciona el mundo y la humanidad del siglo XXI, sobre todo a la luz de los cambios globales derivados de la pandemia, en materia de educación, salud, energía, protección del medio ambiente, seguridad y destrucción de la clase media.

Se trata de comprender que el bienestar implica que todos estemos mejor, no que todos estemos peor.

Entre más unidos estemos y contribuyamos al fortalecimiento de la cordialidad y de la cultura de la paz, seremos más fuertes. Entre más divididos, más débiles.

Evitemos que se desgarre nuestro tejido social.

*El autor es abogado y mediador profesional.

Twitter: @Phmergoldd



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