Opinión

El respeto a la salud ajena es la paz


Poderoso caballero es Don Dinero. Sin embargo, me parece que en esta nueva normalidad una nueva versión de la máxima juarista debería ser utilizada, para recordarnos que “entre los individuos, como entre las naciones, el respeto a la salud ajena es la paz”.

Sobretodo cuando en el mundo del crimen organizado, traficar con la salud se ha vuelto el nuevo grial, y esto los cárteles del Covid-19 lo saben. 

Porque totalmente opuesto a los millones de vidas que se han perdido a costa del virus, millones de dólares llegan a sus bolsillos producto de actividades ilícitas que van desde la realización de pruebas PCR apócrifas, al tráfico de vacunas.  

En México, recientemente ha salido a la luz la existencia de grupos localizados en la Riviera Maya que ayudan a turistas a conseguir pruebas de laboratorio falsas con resultados negativos por tan sólo 800 pesos, para que puedan abordar sus vuelos. No obstante, nuestro país no es el único caso en donde esta actividad se ha registrado. 

A principios de noviembre del año pasado, siete personas fueron arrestadas en el aeropuerto de París por vender este tipo de pruebas con costos que iban desde 180 hasta 360 dólares. Lo mismo aplica para Reino Unido, en donde el costo promedio ronda los 197 dólares, y Bangladesh en donde el dueño de un hospital las vendía por 59 dólares a los trabajadores inmigrantes.

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Mientras que del lado americano del mundo, en Chile tienen un costo de 81 dólares y en Brasil de 200.

Haciendo posible que en un mundo donde la seguridad nacional se ha vuelto personal, cualquiera de nosotros pudiera ir compartiendo el vuelo con el enemigo.

Caras vemos, Covid-19 no sabemos, y es precisamente por esto último que la incapacidad de algunos gobiernos de conseguir vacunas o acelerar su ritmo de vacunación, ha creado una fuerte demanda por estas últimas en el mercado negro.

En donde países como Australia, Ucrania y Filipinas, han registrado el mayor movimiento.

En el caso de Australia, la aparición de la venta ilícita de vacunas y plasma convaleciente, que es el que se obtiene de las personas que ya se contagiaron y se recuperaron, tiene que ver con la navegación en la famosa Dark Web, que generalmente está fuera de la vista de las autoridades, y en donde el precio de las vacunas puede llegar hasta los 24,000 dólares australianos. 

Mientras que en Filipinas, ante la ausencia de una vacuna que haya sido aprobada, los trabajadores chinos parecen tener privilegios ante la existencia de redes clandestinas, que se las aplican sólo a ellos por un costo aproximado de 300 dólares la dosis.

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Hasta el momento se calcula que millones de chinos han sido vacunados de esa manera en ese país. Además de que se rumora que el presidente de Filipinas Rodrigo Duterte de 75 años, ha sido vacunado también de manera clandestina.

Finalmente, en Ucrania las autoridades han detectado que hay ciudadanos que han sido vacunados con vacunas que no han sido aprobadas, como las de Pfizer y BioNTech que podrían haber sido introducidas de manera ilegal vía Israel, con costos cercanos a los 4,740 euros por dosis. 

Tal parece que la única que está en problemas es la economía formal, y que los cárteles del Covid-19 se fortalecen a costa de un virus que llegó para quedarse, en un mundo en donde estar sano es cada vez más importante. 

¿No debió de haber sido así siempre?

El respeto a la salud ajena es la paz. 

El último en salir apague la luz.

Twitter: @HenaroStephanie

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